Entre acusaciones de traición y ninguneos desde su propio espacio, Victoria Villarruel elige el silencio y la agenda propia. Ese bajo perfil la corre del ruido de la interna libertaria y la ubica en un registro más dialoguista: de blanco de agravios a figura que capitaliza empatía y preserva su activo político de cara a 2027, según reconstruye la crónica de La Nación.
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