La obra pública no es “patria contratista”: la primera es la herramienta del Estado para rutas, escuelas y hospitales; la segunda, el entramado que manipuló contratos con sobreprecios y coimas. Casos como Vialidad y Cuadernos mostraron direccionamiento y sobornos. Para que no se repita, hacen falta reglas claras: licitación electrónica (CONTRAT.AR), pliegos funcionales, datos abiertos, declaraciones de integridad, criterios de adjudicación explícitos y control técnico. Competencia real, trazabilidad digital y ojos ciudadanos.
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