La soberanía no se grita, se administra
La soberanía no se defiende a los gritos ni fabricando grietas parlamentarias. En un país con urgencias financieras y frentes externos complejos, pretender resolver problemas geopolíticos reales con bravuconadas digitales y relatos de trinchera es confundir la gestión del Estado con una charla de café. Un análisis urgente sobre por qué el voluntarismo político y el marketing de la confrontación no reemplazan a la sensatez institucional.
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