El choque por el petróleo de Malvinas: soberanía nacional contra pragmatismo corporativo
La reacción de las petroleras británicas e israelíes al ultimátum del gobierno de Javier Milei por la explotación del yacimiento Sea Lion en las Islas Malvinas desnuda una profunda asimetría geopolítica. Mientras la Casa Rosada recurre a la máxima solemnidad de la cadena nacional para blindar la soberanía, endurecer sanciones y avanzar con la base naval en Tierra del Fuego, el consorcio internacional desestima las advertencias con un frío pragmatismo: con una inversión de US$1.800 millones y el respaldo militar de Londres, aseguran que las medidas argentinas “no tendrán efectos materiales” sobre su meta de extraer 55.000 barriles diarios en 2028. Un choque frontal entre la política de Estado y la indiferencia corporativa global ante un archipiélago bajo ocupación.
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