La Fábrica Argentina de Porcelanas Armanino (FAPA), ubicada en Monte Grande (Esteban Echeverría), cerró y fue liquidada. Era la única empresa del país que fabricaba aisladores eléctricos de porcelana, piezas clave para que la energía circule segura por redes y obras de infraestructura. Con su salida, Argentina perdió el 70 % de la producción local y quedó sin fabricación propia.
Para evitar cortes y retrasos, el Ministerio de Economía dictó la Resolución 345/2026: suspende por seis meses los aranceles antidumping que regían desde 2015. Así, las empresas podrán importar aisladores —sobre todo de hasta 60 kV— desde China, Brasil y Colombia sin recargos. La Comisión Nacional de Comercio Exterior avaló la medida, señalando que mantener los aranceles en este contexto pondría en riesgo la estabilidad del sistema eléctrico.
Implicancias
- Dependencia externa total: sin FAPA, todo el abastecimiento pasa a depender de proveedores extranjeros.
- Vulnerabilidad logística: cualquier demora en puertos, fletes o cambios en precios internacionales repercute directo en obras y mantenimiento.
- Presión sobre costos y plazos: la industria ya había alertado por posibles faltantes; ahora la solución es importar, pero eso traslada la incertidumbre al tipo de cambio y a la disponibilidad de divisas.
- Señal para el sector electromecánico: Cadieel reportó caídas productivas en 2025 y expectativas moderadas para 2026. El cierre de FAPA confirma la fragilidad industrial y suma incertidumbre.
Consecuencias probables
- Obras energéticas en riesgo de demora si las importaciones no llegan a tiempo o si aparecen cuellos de botella en la aduana.
- Mayor exposición a precios internacionales: sin producción local que amortigüe, subas en insumos o fletes se trasladan más rápido al costo de los proyectos.
- Pérdida de capacidades técnicas y empleo en un rubro estratégico; recuperar esa producción llevaría tiempo e inversión.
- Alivio de corto plazo, problema de largo: la suspensión de aranceles evita una crisis inmediata, pero no resuelve la falta de un proveedor nacional ni la necesidad de una política industrial para insumos críticos.
El cierre de FAPA dejó al país sin un insumo esencial y obligó al Gobierno a abrir la importación de urgencia. Sirve para apagar el incendio, pero deja al sistema eléctrico más expuesto y a la industria con una señal de alerta sobre su futuro.
Carlos Alberto Leiva
si el cierre implica com decis l que se perdid el70% de laproductivdad local significa ue aun queda un 30% que puede aprovechr para crecer y abastecer al menos una partedel mercado, as que toda la otras consideraciones no cierran
Esa lectura confunde dos cosas. En aisladores no queda un 30 %: FAPA era el 100 % de la fabricación nacional, y CADIEEL certificó que, tras su cierre, ya no hay productores locales; por eso la propia cámara pidió levantar la protección. El dato de “70 %” no aplica acá; lo que sí está medido es que el sector eléctrico en 2025 cayó 31 % y un tercio de las empresas trabajó al 41-60 % de capacidad, pero eso describe la actividad general, no un remanente de fabricantes de aisladores. La salida de urgencia fue la resolución 345/2026, que suspende seis meses los antidumping a China, Brasil y Colombia porque la CNCE advirtió que mantenerlos era un obstáculo para la red. En resumen: no hay un 30 % local para “aprovechar y crecer”; hoy el abastecimiento depende de importar hasta que aparezca un nuevo proveedor.