Juan Grabois: peronista de izquierda, entre la herencia K y la tentación de jugar solo

Quién es y dónde se ubica. Juan Grabois (Buenos Aires, 1983) se mueve en la frontera del peronismo: se reconoce peronista, pero desde su ala de izquierda nacional-popular, con una agenda centrada en los movimientos sociales y la economía popular. Hijo de Roberto “Pajarito” Grabois —histórico dirigente peronista y fundador del Frente Estudiantil Nacional (FEN)—, fundó el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), la CTEP (hoy UTEP) y en 2018 el Frente Patria Grande. En 2023 compitió en la interna de Unión por la Patria con su lista “Argentina Humana” (21,45% en la PASO frente a Sergio Massa) y desde el 10 de diciembre de 2025 es diputado nacional por Buenos Aires dentro del armado Fuerza Patria.

Él mismo se autopercibe como parte de una “izquierda nacional de inspiración humanista y peronista”. Un perfil de Revista Anfibia lo describe en esos términos y lo ubica como el sector más a la izquierda dentro del peronismo, en tensión con la “casta” del PJ. En la práctica combina símbolos y léxico peronista con una agenda propia; eso lo lleva a polemizar tanto con el kirchnerismo como con la izquierda trotskista.

Catolicismo social como marca. Su matriz ideológica mezcla marxismo, peronismo y catolicismo. Cercano al Papa Francisco, fue nombrado consultor del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano y coordinó el Comité Ejecutivo del Encuentro Mundial de Movimientos Populares (2014). Ese catolicismo social —opción por los pobres, centralidad de los excluidos— atraviesa su discurso público, donde no es raro que combine referencias religiosas con posiciones políticas.

¿Heredero del voto duro K? Hay elementos para pensarlo como uno de los principales aspirantes a canalizar ese núcleo:

  • Su base social y territorial (MTE/CTEP/UTEP) nace y crece en el universo que nutrió al kirchnerismo.
  • En 2023 disputó directamente la interna de UxP con Massa.
  • Su relación con Cristina Kirchner es ambigua: hubo señales de que CFK no logró contenerlo del todo en el armado de alianzas y se habló de que podía competir por fuera de Fuerza Patria. Esa autonomía le permite retener parte del voto K más militante sin subordinarse por completo al aparato.

Rechazos y límites. El rechazo más nítido viene del centro y la derecha, donde es visto como símbolo del “kirchnerismo social”. Pero también recibe críticas desde la izquierda trotskista (La Izquierda Diario lo acusó de “maquillar” al peronismo y de idas y vueltas “afuera o adentro”), y despierta desconfianza en parte de la centroizquierda y del propio PJ por su tono confrontativo y su disputa permanente con la conducción tradicional.

2027: ¿le conviene cortarse solo? Su historial (ruptura con el Frente de Todos en 2021 por el acuerdo con el FMI; regreso para la interna de 2023) muestra que no le tiembla el pulso para salir si no hay acuerdo programático. Si en 2027 compite por fuera del paraguas PJ/kicillofismo, el efecto más probable es la fragmentación del voto nacional-popular: divide al núcleo duro, baja el techo del espacio y facilita el crecimiento de un emergente de “centro huérfano” que busque polarizar por fuera del peronismo. Ir por dentro (o condicionar muy fuerte una PASO amplia) le da más estructura, pero a costa de diluir la identidad que lo diferencia de la coalición que llevó a Alberto Fernández al poder. Por eso, la jugada más coherente con su proyecto parece ser la autonomía —o, al menos, una participación con condiciones muy duras— antes que “rosquear” una unidad a cualquier precio.

Grabois se inscribe en el peronismo, pero desde su frontera izquierda, con impronta católica y territorialidad propia en la economía popular. Esa combinación lo acerca al legado del voto duro K y, a la vez, lo empuja a diferenciarse del PJ tradicional. Si decide jugar solo en 2027, su candidatura será funcional a un centro no peronista por la vía de dividir el voto del espacio nacional-popular; si se integra, su desafío será no quedar diluido en la misma mesa que ya mostró sus límites.

Carlos Alberto Leiva

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