El PRO en el Laberinto: La Persistencia de la Identidad frente al Alud Libertario

Por Carlos Alberto Leiva

Asistimos hoy a un fenómeno de naturaleza casi biológica en la política argentina: la lucha de un organismo por no ser devorado por su propia progenie conceptual. El PRO, esa criatura que Mauricio Macri moldeó bajo el signo de la gestión eficiente y el posperonismo civilizado, se encuentra hoy en una encrucijada que excede lo electoral; es una crisis de ontología política.

La gira federal que Macri ha iniciado este 17 de abril por el Chaco y Corrientes no debe leerse meramente como un itinerario de campaña. Es, en rigor, un acto de exhumación. El expresidente busca recuperar los restos de una identidad que fue parcialmente succionada por el torbellino de La Libertad Avanza. Si Javier Milei representa la irrupción estética y el desborde de la bronca, Macri intenta restablecer la idea del “cambio con método”. Es la dialéctica entre el fuego que consume y la herramienta que construye.

¿Está el PRO en ascenso o en descenso? La pregunta es engañosa. Lo que observamos es una contracción estratégica. El partido ha perdido su condición de sol para orbitar como un planeta de gran masa, pero planeta al fin, alrededor de la figura presidencial. Sin embargo, en política, la gravedad es variable. Macri sabe que el entusiasmo libertario, por su propia naturaleza disruptiva, carece muchas veces de la capilaridad territorial y de la paciencia institucional que el PRO supo cultivar.

El juego de Macri respecto a Milei no es de oposición, sino de “complementariedad crítica”. No busca derribar el edificio que Milei está levantando, sino presentarse como el arquitecto que posee los planos de las cañerías y los cimientos, elementos que el ímpetu refundacional suele omitir. Juega a favor de la gobernabilidad para no quedar pegado al fracaso, pero juega en contra de la fusión total para no desaparecer en el anonimato de una coalición que no lidera.

El destino del PRO hacia 2027 dependerá de una alquimia difícil: convencer al electorado de que el orden es tan necesario como la libertad. Si el gobierno de Milei logra estabilizar la economía, el PRO corre el riesgo de ser un apéndice nostálgico. Pero si la gestión libertaria tropieza con su propia impericia administrativa, el “regreso a las fuentes” que propone Macri podría ser visto no como un retroceso, sino como el refugio de una racionalidad necesaria.

En el tablero de hoy, Macri no busca el jaque mate, sino asegurar que sus piezas sigan en el tablero cuando el humo de la batalla final comience a disiparse.

, ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *