El blindaje que incendia la calle

No es Adorni el problema. Es todo lo que lo rodea y lo sostiene, y la obstinación de un gobierno que confundió austeridad con marketing de austeridad. La foto es simple: un funcionario viaja en el avión presidencial con su esposa, Bettina Angeletti, a una gira oficial en Nueva York; estalla la polémica, llueven denuncias penales por malversación y tráfico de influencias, y el propio Adorni termina reconociendo, a destiempo, que “si pudiera volver atrás, mi mujer no se hubiera subido al avión”. Tarde. El daño ya estaba hecho, y no por el pasaje.

El verdadero combustible lo aportó el círculo íntimo. Karina Milei, dueña de una cuenta de X que usa poco y cuando habla marca agenda, salió con un posteo breve, personal y sin un solo dato: “Mi apoyo total e incondicional a Manuel Adorni… Conozco tu integridad. Eso me alcanza. Siempre con vos”, con foto incluida. No hubo explicación sobre recursos públicos, ni auditoría, ni números: hubo fe. Fe en la integridad de un funcionario, como si eso bastara para cerrar una discusión que es, en el fondo, sobre privilegios.

El Presidente y el resto del Gabinete hicieron coro —“Ánimo Adorni”, “No es gratis ser el gobierno…”—, reforzando la idea de un blindaje de hierro alrededor del jefe de Gabinete. El problema es que ese blindaje, en lugar de proteger, expone. Cuando la respuesta a un cuestionamiento por el uso del avión presidencial es “confío en él”, lo que se escucha del otro lado es “no tengo cómo justificarlo”. Y cuando Karina, que casi no aparece, aparece sólo para bancar, el mensaje es peor: el gobierno no rinde cuentas, rinde lealtades.

Mientras tanto, la calle —esa clase media que el oficialismo subestimó— mastica bronca. El cruce con Mayra Mendoza dejó la frase que resume el clima: “La clase media cada día más pobre… mes a mes sube la inflación y cae el salario”. Ahí está el núcleo: no es un vuelo, es la sensación de que la “casta” cambió de nombres pero no de hábitos. La austeridad se declama en cadena, pero los gestos dicen otra cosa. El Gobierno que llegó prometiendo cortar privilegios termina explicando por qué la esposa del vocero viaja en misión oficial y por qué la hermana del Presidente respalda con un posteo de confianza personal.

El resultado es una tormenta perfecta que ya ni los medios oficialistas pueden disimular: Adorni quedó en el centro, pero el foco se corrió a quienes lo sostienen. Cada defensa personal, cada “siempre con vos”, es un ladrillo más en un muro que separa al poder de una sociedad que siente el ajuste en el bolsillo. No hay peor enemigo que una clase media enojada, y no hay peor estrategia que responder a ese enojo con lealtades de camarilla. Cuando la integridad se invoca para evitar la rendición de cuentas, lo que se está admitiendo, aunque no se diga, es que no hay argumentos mejores.

Carlos Alberto Leiva

, ,