Sin 148 y sin tren: la noche que dejó al sur del conurbano a pie

Volver al sur del GBA de noche se volvió una carrera contra el reloj: el último Roca a Bosques (vía Temperley 20:33, vía Quilmes 20:36) es el límite que separa un viaje directo de una odisea de hasta tres horas y gastos que se acumulan en miles de pesos por semana.

Qué está pasando

  • Los últimos servicios del Roca al ramal Bosques salen poco después de las 20:30 desde Plaza Constitución. Quien no llega, queda afuera del esquema ferroviario y debe combinar colectivos, combis o taxis.
  • A la par, dejó de circular la línea 148 (El Halcón), que durante décadas unió Plaza Constitución con Florencio Varela, Quilmes, Avellaneda y otros puntos del sur. La empresa entró en crisis, adeuda salarios y hay más de 500 trabajadores afectados. Usuarios y medios locales describen el cese como un golpe a la conectividad del conurbano.
  • Trenes Argentinos explica el recorte nocturno por obras de renovación integral de la catenaria (17 km de doble vía entre Temperley y Bosques), con “ventana de trabajo” nocturna: 22–4 (lun–vie), 22–6 (viernes) y 23–6 (sábados). El avance es del 94,7 % y la finalización se prevé para mediados de año, pero la empresa aún no definió si volverán los horarios extendidos (antes llegaban cerca de las 22 o más tarde).

Implicancias y consecuencias

  • Tiempo perdido y desgaste: sin 148 y con el Roca cortando temprano, la vuelta se estira a combinaciones largas (por ejemplo, 266 desde Lomas de Zamora hasta Varela o 324 desde Bernal), con viajes de hasta dos horas parados y esperas de una hora o más cuando los colectivos pasan llenos.
  • Golpe al bolsillo: el gasto semanal se dispara. Una pasajera que antes gastaba ~$3.000 por semana con el 148, ahora paga $5.000 por combi cada noche ($25.000/semana) y, si debe sumar remis, otros $4.000. Un taxi puerta a puerta ronda $7.000–$8.000; Uber/DiDi desde Constitución a Varela oscila entre $35.000 y $45.000 según demanda. Familias cuentan entre $6.000 y $10.000 por día para volver.
  • Trabajo y estudio en riesgo: hay quienes perdieron empleos por llegar tarde (el 148 demoraba y el jefe también llegaba tarde a otro trabajo) y quienes abandonaron la universidad porque el costo diario ($6.000) se volvió imposible; otros piden cambiar el horario laboral (entrar a las 12 y salir a las 20) para alcanzar el último tren.
  • Seguridad y organización familiar: volver después de las 22 implica transbordos en zonas poco iluminadas y dependencia de terceros para que los busquen. Familias con bebés relatan tener que dormir en casa de un familiar para que el trabajador pueda viajar al día siguiente.
  • Efecto laboral más amplio: el cierre del 148 dejó a unos 500 empleados sin cobrar (aguinaldo de diciembre y sueldos de enero-febrero) y abrió una disputa por la continuidad del servicio con posibles operadores (DOTA, Expreso Quilmes/línea 98, Misión Buenos Aires), sin definición clara aún.

Qué esperar

  • Si las obras terminan a mitad de año como está previsto, la clave será si Trenes Argentinos repone servicios más allá de las 20:30. Hoy la empresa dice que “aún no está definido”.
  • Para el 148, la reanudación depende de saldar deudas salariales y del reparto de ramales entre nuevas operadoras; mientras tanto, la demanda se vuelca a combis y taxis compartidos, opciones más caras e inestables.

En síntesis, la combinación de recortes nocturnos del Roca y la caída del 148 convirtió la vuelta al sur en una ecuación frágil: menos opciones, más tiempo, más plata y un impacto directo en empleo, estudios y vida familiar.

Carlos Alberto Leiva

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