La reelección de Milei, en la cuerda floja: desempleo, recesión y miedo a perder el trabajo erosionan su base

Hoy la posibilidad de que Javier Milei consiga un segundo mandato aparece más incierta que hace un año. No es un giro ideológico lo que pesa, sino la acumulación de datos económicos que golpean el bolsillo y el ánimo de la gente: el desempleo volvió a subir, la actividad se enfría, la inflación sigue alta y el tipo de cambio barato genera una sensación de alivio engañoso que no alcanza para sostener apoyos.

El INDEC confirmó que la desocupación cerró 2025 en 7,5%, con más de 1,6 millones de personas sin trabajo —algunas mediciones hablan de 1,7 millones—, y un aumento interanual que encendió alarmas en los grandes centros urbanos (la Gran Buenos Aires llega a 8,6%). Medios como Todo Noticias y La Nación replicaron la cifra y subrayaron que los jóvenes de 14 a 29 años son los más castigados, con tasas que duplican el promedio nacional. En paralelo, el FMI empeoró sus proyecciones para Argentina en 2025: espera 28% de inflación (ocho puntos más que la estimación previa) y un desempleo de 7,5% que recién bajaría a 6,6% en 2026, al tiempo que recortó el crecimiento a 4,5%.

Ese combo —más gente buscando empleo, salarios que no alcanzan y precios que no ceden— alimenta un clima de “miedo a perder el trabajo” que la propia discusión pública distingue del desempleo estadístico. Analistas locales advierten que la economía bordea la recesión técnica: el Banco Mundial bajó su previsión de crecimiento y la Universidad Torcuato Di Tella llegó a estimar una probabilidad de recesión cercana al 98,6%. Con consumo e inversión retraídos, la recuperación que se proyecta para 2025 se apoya más en el “arrastre estadístico” de la caída de 2024 que en una mejora genuina.

En ese contexto, la imagen presidencial se resiente. Una encuesta nacional de Giacobbe & Asociados (2.500 casos, 23-27 de febrero) mostró a Milei con 41,7% de imagen positiva frente a 49,7% negativa, por primera vez con saldo claramente desfavorable, aunque la erosión no se traduce todavía en un traspaso nítido de votos a la oposición. El ranking lo ubica segundo detrás de Patricia Bullrich (42,9%) y por encima de Axel Kicillof (29,6%).

El Gobierno llega al tramo final del año con un dilema que el propio FMI describe: sostener el ajuste fiscal sin terminar de ahogar la actividad, mientras intenta recuperar confianza. El “dólar barato” —producto del ancla cambiaria y la búsqueda de estabilizar precios— alivia importaciones y viajes, pero amplía el déficit externo (el Fondo lo proyecta en 1,2% del PBI para 2025) y no compensa la pérdida de poder adquisitivo ni la incertidumbre laboral. Día a día, esa combinación va limando la base electoral que llevó a La Libertad Avanza a crecer en las legislativas de medio término, y deja abierta la pregunta de si el capital político alcanzará para llegar competitivo a 2027.

Carlos Alberto Leiva

, , ,