Gobierno acabado, dicen

“Gobierno acabado” se volvió muletilla en la retórica anti-Milei. Circula en declaraciones, en redes y en pasillos del peronismo: que el ajuste no cierra, que los escándalos (Karina, la ANDIS) lo dejaron sin aire, que las derrotas legislativas marcan el principio del fin. El gobernador riojano Ricardo Quintela lo dijo en voz alta —“el gobierno de Javier Milei está acabado y transita su etapa final”— y en Instagram/TikTok se viralizó el audio “el gobierno se acabó”, con reels que lo ponen sobre imágenes de protestas para chicaneear al oficialismo.

La consigna sirve para desgastar, pero choca con dos datos duros.

Primero, el antecedente. Mauricio Macri terminó su mandato en 2019 con crisis cambiaria, inflación acumulada y recesión, y aun así sacó 40,28 % en la elección general (10,8 millones de votos). Había quedado en 31,8 % en las PASO y sumó más de 2,2 millones entre agosto y octubre. Un presidente muy desgastado puede retener un núcleo de 40 % si logra polarizar y concentrar el voto antiperonista.

Segundo, Milei tiene algo que Macri no tuvo: puede mostrar que hizo lo que prometió y que carga la herencia. Chequeado relevó 20 promesas de campaña: a los dos años hay 2 cumplidas (bajar el gasto público —caída real de 27,7 %— y crear el Ministerio de Capital Humano) y otras 8 avanzadas (10/20, mejor que sus dos antecesores en el mismo lapso). La “motosierra” se tradujo en recortes, desregulación (437 normas hasta sep-2025) y baja/eliminación de más de 19 impuestos (fin del PAIS, cambios en retenciones, Bienes Personales, monotributo). Y el relato de la herencia le sirve de paraguas: déficit consolidado de 17 puntos del PBI (5 Tesoro + 10 BCRA + 2 externo), “inflación plantada” del 15.000 % anual, brecha cambiaria del 150-200 %, deuda con importadores por US$ 30.000 M y un BCRA quebrado. Con eso, Milei explica el costo del ajuste y le pasa la factura al gobierno anterior.

¿Y la oposición? Fragmentada y sin jefe claro. En las encuestas, Axel Kicillof es el dirigente que más gente identifica como “líder opositor” (33 %), seguido por Cristina Kirchner (25 %); el resto —Grabois, Larreta, Bullrich, Macri, Massa— araña entre 2 % y 4 %, y un 24 % dice “nadie”. Kicillof tiene 38-40 % de imagen positiva (Atlas/Trends) pero también 58 % negativa y está 22º entre 24 gobernadores (50,7 % negativa en su distrito). Cristina mantiene núcleo (36 % positiva) pero con rechazo alto (61 %) y límites judiciales. El 59,5 % del electorado ve a la oposición “débil” y casi la mitad (49,7 %) no se reconoce ni oficialista ni opositora.

Hay dirigentes con buena ficha local —Poggi (San Luis, 58,5 %), Orrego (San Juan, 58 %), Jaldo (Tucumán, 56,7 %), Pullaro (Santa Fe, 51,4 %), Torres (Chubut, 53,7 %), Llaryora (Córdoba, 53,5 %)—, pero no tienen volumen nacional ni anclaje en Buenos Aires. Por eso, en el peronismo ya se habla de un “gran frente anti-Milei” que sume a esos gobernadores para compensar el déficit bonaerense.

Con este mapa, la idea de que Milei supere el 40 % en primera vuelta en 2027 no es delirio: La Libertad Avanza ya sacó 40,7 % en las legislativas de 2025. Si la economía no se descarrila del todo y sostiene el relato “cumplí lo que prometí + la herencia era peor”, el piso de 40 % está a tiro. El “gobierno acabado” funciona como consigna de desgaste; los números, por ahora, cuentan otra historia.

Carlos Alberto Leiva

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