La provincia de Buenos Aires dejó de ser un bastión automático. Después de décadas de hegemonía (con la única excepción de Vidal 2015-2019), el PJ llega a 2027 con el peor de los combos: interna a cielo abierto, calendario partido y un presidente —Javier Milei— que no necesita ganar la gobernación para condicionarla. Si el peronismo insiste en repetir la receta, el resultado está cantado: derrota histórica en su propio territorio.
1. Desdoblar es dividir.
Axel Kicillof viene empujando la idea de votar la provincia en fecha distinta a la nacional —se habló incluso del 7 de septiembre para legisladores bonaerenses y de suspender las PASO provinciales— con el argumento de “provincializar” la discusión y evitar el caos de la Boleta Única nacional. Suena razonable en lo técnico; en lo político es dinamita: Cristina Kirchner ya dijo que el desdoblamiento “determinó la derrota” en 2023 porque partió esfuerzos, recursos y mensaje. Si se repite la jugada, el peronismo llega con el voto fraccionado y el aparato trabajando a media máquina: cuando los intendentes ya resolvieron su elección local, la experiencia indica que no ponen el mismo músculo en la campaña nacional.
2. La interna ya no es un susurro.
El debate no es sólo de calendario. Es de poder y de nombres: el entorno de Kicillof necesita mostrar gestión propia y usar la provincia como trampolín presidencial para 2027; el kirchnerismo duro —con eje en el conurbano— no está dispuesto a ceder la lapicera ni el armado. En los pasillos se barajan apellidos del riñón del gobernador (Katopodis, Alak) frente a jefas territoriales del conurbano (Mariel Fernández en Moreno, por caso). Con esa fractura expuesta, el PJ ofrece exactamente lo que sus rivales necesitan: un peronismo que se mira el ombligo mientras la sociedad pide respuestas.
3. La ventana para los de afuera.
Con Milei en la Rosada, La Libertad Avanza no necesita arrastre: compite con marca propia y capitaliza el voto anti-peronista aunque la elección bonaerense vaya separada. Pero hay algo más peligroso para el PJ que la derecha libertaria: un outsider de centro. Un candidato presidencial moderado, de discurso de gestión y “ni K ni Milei”, que cuelgue en la provincia un nombre igualmente outsider, puede cortar por el medio: le saca votos al peronismo desencantado con la interna y también al votante de JxC/PRO que no se siente cómodo con LLA. Si el PJ va dividido y la elección está desdoblada, el piso para meterse en la conversación baja; y con poco más de un tercio consolidado, un centro bien plantado puede forzar balotaje o incluso pelear la gobernación.
4. El mito del aparato invencible.
Es cierto: gobernar 135 municipios exige territorio, y ahí el peronismo tiene ventaja estructural. Pero el aparato no vota solo: necesita épica y conducción. Cuando el mensaje es “votemos distinto porque somos distintos”, el aparato se transforma en una suma de feudos que compiten entre sí. Y si la elección provincial se despega de la nacional para “evitar el caos”, el PJ corre el riesgo de resolver lo administrativo y perder lo político: blindar la ingeniería electoral mientras se le incendia la narrativa.
Si Kicillof no es la salida, hay que abrir la puerta
No se trata de “traicionar” a nadie; se trata de no suicidarse. Si la candidatura de Kicillof no ordena, el peronismo tiene dos caminos: inmolarse en una interna que termina con derrota histórica, o colarse con el outsider de centro. ¿Qué significa “colarse”? Construir ya un polo moderado competitivo en la provincia, con candidato propio para la gobernación, agenda bonaerense (seguridad, salud, obra pública, empleo), y acuerdos programáticos claros con intendentes que no quieren quedar atrapados en la pelea Kicillof–CFK. No es pedirle permiso al aparato: es ofrecerle un vehículo para sobrevivir.
Hoja de ruta mínima para no desaparecer:
- Unidad programática antes que nominal. No alcanza con un sello; hace falta un contrato con 10 medidas concretas para el conurbano y el interior (metas medibles, no slogans).
- Candidato provincial con territorio. No sirve un “paracaidista” atado sólo al presidenciable: necesita volumen propio en la Primera y la Tercera sección, más llegada al interior productivo.
- Campaña provincializada de verdad. Aprovechar el calendario separado para hablar de gestión y dejar de nacionalizar cada discusión.
- Disciplina financiera y fiscalización. Si se divide el voto, cada punto vale doble; sin estructura de fiscalización, el centro no llega.
La provincia no se pierde en un día: se pierde en mil decisiones pequeñas que la vuelven ajena. Desdoblar sin unificar, provincializar sin representar y pelearse el sillón mientras el país cruje es el camino más corto para regalar Buenos Aires. Si Kicillof no ordena, el peronismo debe decidir si prefiere el naufragio con bandera propia o la supervivencia con un centro que lo contenga. La historia no va a esperar al próximo congreso partidario.
Carlos Alberto Leiva