Qué es el trotskismo
El trotskismo es la corriente del marxismo que se articula en torno a las ideas de León Trotsky, la Oposición de Izquierda y la Cuarta Internacional. Se define por oposición al estalinismo y al “socialismo en un solo país”. Sus ejes son:
- Revolución permanente: en países de desarrollo capitalista tardío, la burguesía nacional es demasiado débil para completar sus tareas democráticas (reforma agraria, liberación nacional, libertades plenas); esas tareas recaen en el proletariado, que debe pasar sin etapas a medidas socialistas y extender el proceso internacionalmente.
- Internacionalismo y crítica a la burocratización de la URSS; defensa del centralismo democrático y la democracia obrera.
- Programa de Transición (1938) y tácticas como el entrismo para vincular luchas inmediatas con la toma del poder.
En redes actuales sigue vivo el debate: organizaciones trotskistas recuerdan que la “revolución permanente” ya estaba en Marx y fue desarrollada por Trotsky tras 1905, y la plantean como vigente 85 años después de su asesinato.
El trotskismo en Argentina
Argentina es, junto a Francia, uno de los pocos países donde el trotskismo mantiene peso relativo. Desde 2011 actúa bajo el Frente de Izquierda y de Trabajadores-Unidad (FIT-U), que reúne a PTS, Partido Obrero, Izquierda Socialista y MST.
- Historia: primeros núcleos en los años 30-40 (GOM de Nahuel Moreno, LOR, etc.), debates sobre peronismo y carácter de la burguesía nacional.
- Fuerzas actuales: el PTS (fundado en 1988, con inserción en subte, docentes, SUTNA, ceramistas de Neuquén y el medio La Izquierda Diario), junto a PO, IS y MST.
- Peso electoral: ronda el 3-4 % a nivel nacional (3,25 % en legislativas 2023, 3,9 % en 2025), con picos provinciales por encima del 10 %. Mantiene bancas (por ejemplo, Myriam Bregman y Nicolás del Caño del PTS) y presencia en sindicatos, movimiento estudiantil y de mujeres.
¿Tiene lógica una revolución socialista en un país “emergente” como Argentina?
La tesis trotskista nació pensando en países de capitalismo tardío: si la burguesía local está atada al capital extranjero y al latifundio, las tareas democráticas pendientes requerirían que el proletariado las asuma y las combine con medidas socialistas. Esa lectura explica por qué el trotskismo argentino insiste en la ruptura.
A favor:
- Base obrera y de servicios concentrada en grandes centros urbanos y tradición sindical fuerte.
- Crisis recurrentes (2001, ciclos de endeudamiento e inflación) que alimentan la idea de agotamiento del capitalismo dependiente.
- Existencia de una izquierda socialista organizada por fuera del peronismo.
Objeciones:
- Hegemonía del peronismo sobre la identidad trabajadora.
- Techo electoral del FIT-U y dificultad para traducir influencia social en mayoría política.
- Contexto internacional poco favorable para una internacionalización del proceso.
- Experiencias estatistas previas (peronismo, kirchnerismo) que dejaron memoria de crisis de deuda y dependencia de commodities.
Sociedad individualizada y riesgos de una ruptura con el FMI
Un factor sociológico clave es la individualización. Estudios sobre los 90 señalan que la desregulación y el retiro del Estado “generaron una sociedad individualista dominada por el sistema de mercados”, diluyendo identidades colectivas. La socióloga Maristella Svampa habla de un “ciudadano consumidor” y de una “americanización” de la estructura social. El filósofo Diego Fusaro describe un “capitalismo líquido de la civilización del consumo, basado en el individualismo hedonista”. Celulares, banca digital, inversiones minoristas y compras online forman parte del día a día y refuerzan lógicas individuales.
La izquierda trotskista plantea abiertamente el no pago de la deuda y el rechazo al pacto con el FMI. Los análisis económicos advierten que un default sostenido implicaría:
- FMI declara al país “no elegible” para desembolsos, retira asistencia técnica y, en el extremo, puede suspender derecho a voto y expulsar al país como miembro.
- Se traban desembolsos de otros organismos (Banco Mundial, BID).
- “Trabaría todos los movimientos comerciales, afectaría a las empresas que transan con el exterior… presión sobre las reservas, inestabilidad cambiaria, más restricciones y controles, caída de la demanda de dinero, aumento del costo de capital y paralización de inversiones”.
Cierre
El socialismo rupturista en clave trotskista tiene una lógica interna clara para un país periférico como Argentina: combinar tareas democráticas y socialistas bajo dirección obrera y apostar a la internacionalización. Su fortaleza local es la organización sostenida (FIT-U, sindicatos, movimientos sociales). Sus límites son tanto políticos (hegemonía peronista, techo electoral) como sociológicos (sociedad fragmentada y orientada al consumo individual) y económicos (costos de una ruptura con el FMI en una economía integrada al crédito y al comercio exterior). En la práctica, funciona más como polo anticapitalista con capacidad de movilización que como alternativa de poder inmediata.
Carlos Alberto Leiva