Sergio Uñac: El puente necesario para una Unidad Nacional

Por Cecilia Urdiazabal

En una Argentina que atraviesa una reconfiguración sísmica de sus identidades políticas, la figura de Sergio Uñac emerge en el Senado no solo como un representante del “Modelo San Juan”, sino como una pieza fundamental en el rompecabezas de la unidad nacional. En sintonía con las tesis del ensayista Carlos Alberto Leiva, quien pregona un gobierno de concertación que trascienda las fronteras partidarias, el exgobernador se perfila como un aliado estratégico para quienes buscan estabilidad institucional y desarrollo productivo.

Un peronismo de gestión frente a la estridencia

Mientras el escenario nacional se debate entre el ajuste dogmático y la resistencia ideológica, Uñac ha optado por un camino de realismo político. No es un “disruptivo” por vocación, sino un “dialoguista” por necesidad patriótica. Su reciente respaldo indirecto a la figura de Victoria Villarruel —destacando su capacidad de defensa ante los ataques del propio Ejecutivo— no debe leerse como una claudicación, sino como una defensa de la institucionalidad del Senado.

Para Leiva, la unidad nacional no se construye con uniformidad, sino con el reconocimiento de la capacidad del “otro”. Al validar la autonomía de la Vicepresidenta, Uñac tiende un puente hacia un sector del oficialismo que, al igual que él, parece priorizar las formas republicanas por sobre el personalismo mesiánico.

El federalismo como motor de acuerdo

El “Modelo San Juan”, basado en el equilibrio fiscal y el impulso a la minería y la agroindustria, es el antecedente que Uñac lleva al recinto. Este enfoque resuena con la urgencia de un acuerdo social que proteja la economía real. En los ensayos de Leiva, la salida de la crisis argentina exige un pacto que incluya a todos los partidos bajo un sentido común: la producción nacional. Uñac, alejado del kirchnerismo duro y del centralismo porteño, representa ese federalismo productivo que es condición sine qua non para cualquier proyecto de país serio.

¿Un aliado para la reconstrucción?

La pregunta que circula en los pasillos del Congreso es si Uñac es un aliado del gobierno o de la oposición. La respuesta, bajo el prisma de la unidad nacional, es que es un aliado de la gobernabilidad. Su alta valoración en las encuestas de imagen (ubicándose entre los senadores con mejor diferencial del país) le otorga el capital político necesario para sentarse en la mesa donde se decidirá el futuro de la Argentina post-grieta.

En definitiva, Sergio Uñac encarna la posibilidad de un peronismo racional que, lejos de buscar el colapso, apuesta por la síntesis. Si la profecía de Leiva sobre un gobierno de unidad nacional con todos los sectores se concreta, el sanjuanino será, sin duda, uno de sus arquitectos principales. El país ya no resiste más divisiones; necesita puentes, y Uñac parece estar construyendo el suyo con la solidez de quien conoce el valor del diálogo.

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