Por qué un sector del PRO vuelve a poner a Mauricio Macri en el centro de la escena presidencial
En la previa de un plenario clave del Consejo Nacional del PRO en Parque Norte (Buenos Aires), volvió a sonar fuerte la idea de que Mauricio Macri sea el candidato presidencial en 2027. No es un rumor aislado: dirigentes amarillos lo dicen en voz alta —“es el mejor candidato” y el más competitivo para volver a la Casa Rosada—, y la legisladora Laura Alonso lo resumió sin vueltas: “Me encantaría, y a muchos más, que sea Mauricio Macri”.
La movida ya tiene apodo en los pasillos: “Operativo Clamor”. La tesis es que, al caerse la opción de un outsider (se barajaron nombres como Jorge Brito o Marcos Galperin), Macri queda como la figura más viable para encabezar al PRO en 2027. El propio Macri alimenta la expectativa cuando repite que el PRO “está más vivo que nunca” y que el partido tendrá “su propio candidato” en 2027, aunque a la vez combina ese mensaje con gestos de apoyo a Javier Milei y con la idea de que el candidato “todavía no está definido”. En otras declaraciones incluso llegó a descartar su propia postulación y a sugerir que el postulante podría surgir de la sociedad civil.
Cambiemos no es Juntos por el Cambio, y el PRO lo sabe
Una parte del debate interno pasa por la marca. En el PRO hay conciencia de que Cambiemos (2015-2019) no es lo mismo que Juntos por el Cambio (desde 2019) y que hoy la etiqueta “Juntos” pesa menos que ir con la boleta amarilla sola. Por eso, de cara a 2025-2027, se discute si conviene reflotar alianzas para “recuperar músculo electoral” o preservar la identidad partidaria y competir con sello propio.
Esa tensión se ve en territorio: en CABA, por ejemplo, el PRO analiza que no le conviene acordar con La Libertad Avanza (LLA) ni con el peronismo, por el perfil antikirchnerista de su electorado. Al mismo tiempo, hay conversaciones con sectores de la UCR y la Coalición Cívica para un posible “revival” de la vieja sociedad, con una confesión reveladora: “el electorado nuestro puede ser cercano a LLA, pero hay cosas que no soporta”. El dato de fondo es que LLA hoy captura buena parte del voto que antes iba a JxC (en 2025 LLA sacó ~40,8 % a nivel nacional), mientras el PRO, cuando va solo, retiene un núcleo duro que en algunos distritos le rinde más que diluirse en una coalición amplia que ya no existe como tal.
Los tres miedos que mueven el clamor
1. Miedo a la irrelevancia. Tras la derrota del PRO en CABA (LLA 30,13 % vs PRO 15,93 % en mayo de 2025) y la erosión de su liderazgo, Macri quedó “entre la espada y la pared”: o se integra a LLA o corre el riesgo de ser marginado incluso por sus propios aliados. En el conurbano la relación PRO–LLA ya está rota: operadores libertarios dicen que el PRO “dejó de ser aliado y pasó a ser un obstáculo” y que en 2027 competirán directamente por intendencias.
2. Miedo a quedar subordinados a LLA. La estrategia que se baraja es usar un candidato propio “para presionar a Milei” y no ser absorbidos. La idea es que Milei busque un segundo mandato y que el apoyo explícito de Macri sea clave, pero a cambio el PRO exige más lugares en el Gabinete y en las decisiones. Analistas interpretan la jugada de Milei como un intento de “fracturar al PRO, absorber a sus sectores más afines y dejar afuera a los que no cumplan los requisitos” (el caso de Horacio Rodríguez Larreta, excluido, ilustra esa lógica).
3. Miedo a que la derecha encuentre un nuevo emergente. Tanto Macri como Milei saben que los gobiernos pierden capital político con el tiempo y temen que el 56 % de 2023 se reduzca en 2027; por eso evalúan “compartir el liderazgo de la derecha argentina” para que el peronismo no se reorganice y para evitar que surja otro referente que ocupe ese espacio. Macri insiste en que el PRO debe tener “candidato propio competitivo” en 2027 justamente para no quedar diluido frente a LLA y para que el partido no dependa de un outsider libertario.
El “clamor Macri 2027” es, en el fondo, un movimiento defensivo: busca que el PRO no pierda centralidad, que no quede subordinado a La Libertad Avanza y que la derecha argentina no genere un liderazgo nuevo que deje afuera al partido que fundó Macri. La incógnita es si ese clamor se traduce en candidatura o en una carta de negociación para condicionar a Milei y sostener la marca amarilla con vida propia.
Carlos Alberto Leiva