Los intendentes quieren desdoblar: el calendario bonaerense como campo de batalla

La discusión sobre el desdoblamiento volvió al centro de la política bonaerense y expuso, una vez más, que la “unidad” del peronismo funciona como foto hacia afuera pero cruje por dentro. Con la elección provincial de 2025 ya fijada por decreto para el 7 de septiembre —separada de la nacional— el verdadero pulso se corre a 2027: quién conduce, quién pone los nombres y, sobre todo, cuándo se vota. En ese tablero, los intendentes empujan por desdoblar/adelantar para blindar sus territorios, mientras el kirchnerismo duro resiste la jugada porque la señala como una de las causas de la derrota de 2025. Axel Kicillof, sin reelección, busca instalar un heredero propio que le garantice autonomía frente a Cristina y sostenga su proyección presidencial. 

Territorio primero. Para la mayoría de los jefes comunales, desdoblar no es una cuestión de lealtad a Cristina ni a Kicillof: es una herramienta de supervivencia local. Una fecha propia les permite municipalizar la campaña, concentrar el mensaje en la gestión y evitar que la disputa nacional arrastre la boleta en sus distritos. Además, les da margen para negociar lugares en las listas y acuerdos seccionales con más peso. Ese cálculo pragmático explica que el MDF —el armado que responde al gobernador— delinee listas propias en los municipios y presione por un calendario que cuide el pago chico. 

La pulseada con el cristinismo. Del otro lado, el núcleo que conduce Cristina Kirchner —con Máximo Kirchner y La Cámpora como articuladores— desconfía del desdoblamiento y lo asocia a la derrota de 2025. La tensión quedó expuesta en la cumbre de La Plata previa al anuncio del decreto y volvió a aparecer cada vez que Kicillof defendió su decisión con argumentos de gestión: evitar el “caos” de dos sistemas de votación el mismo día. Para el kirchnerismo, en cambio, separar la elección fragmenta la oferta y debilita la tracción nacional. 

Sucesión en marcha. Sin posibilidad de reelección, Kicillof necesita un candidato que exprese su autonomía. En esa pista aparecen Gabriel Katopodis y Julio Alak como cartas del MDF. En paralelo, el kirchnerismo mueve sus fichas: Mayra Mendoza y Federico Otermín ya hacen recorridas con perfil electoral y Mariel Fernández prepara su lanzamiento. Es decir: la disputa por la sucesión bonaerense ya está en movimiento, aunque falte para 2027.

Unidad para la tribuna, disputa por abajo. La foto de “lista de unidad” convive con una interna feroz por la lapicera y el calendario. Los intendentes no son propiedad de Cristina ni de Kicillof: se alinean según conveniencia electoral y de gestión. Si desdoblar les sirve para cuidar su distrito, lo empujan; si la tracción nacional les suma, bancan la unidad. Por eso la primera batalla vuelve a ser la fecha: intendentes y MDF presionan por adelantar; el cristinismo frena porque cree que dividir la elección tuvo costo político. Kicillof, en el medio, analiza cada paso sabiendo que su decisión puede reabrir —o contener— una nueva guerra interna.

Carlos Alberto Leiva

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