La respuesta del gobierno libertario: la “batalla cultural” como política de Estado

Desde la Casa Rosada, la gestión de Javier Milei no trata la “batalla cultural contra el marxismo cultural” como un simple eslogan de campaña, sino como uno de los tres pilares de su programa de gobierno. En el discurso de apertura de sesiones del 1 de marzo de 2025, el presidente lo explicitó: “Dividimos nuestro programa de gobierno en tres fases… la tercera es la batalla cultural, con la que aseguramos que estos cambios sean sostenibles en el largo plazo educando al soberano, para que luego no vengan otros a romper lo que con tanto esfuerzo hemos logrado”. Ese mismo día reivindicó la tarea como una cruzada contra “los empresarios prebendarios” y la “casta” que, según él, controla medios, universidades y sindicatos para imponer la hegemonía progresista.

En la práctica, esa orientación se traduce en tres líneas de acción:

  1. Disputa del sentido común en la esfera pública. El Gobierno usa cadenas nacionales, actos como la exposición “Argentina Week 2026” y una fuerte presencia en redes (amplificada por cuentas afines como @leonlibertario753) para instalar la idea de que “la casta” impuso una superestructura cultural —una lectura gramsciana invertida— y que es necesario combatirla con las mismas herramientas. En la Fundación Faro, Milei explicó que “la casta” tomó el control de la “superestructura” (medios, cultura, educación) y que su estrategia es dar la batalla cultural para “usar sus mismas armas”.
  2. Política educativa y comunicacional. Aunque no hay un programa curricular formal bajo el rótulo de “antimarxismo cultural”, la administración empuja reformas que reducen el peso del Estado en la educación y promueve contenidos que reivindican el mérito individual y la libertad de mercado como valores fundacionales. En paralelo, impulsa auditorías y recortes en universidades y organismos culturales que, según el relato oficial, son “usinas ideológicas” del progresismo.
  3. Construcción de aliados y validación intelectual. El oficialismo se apoya en referentes como Agustín Laje, quien en LN+ celebró que “por primera vez en mucho tiempo” alguien sitúe la guerra cultural en el centro del debate, y en think tanks (Fundación Faro, Fundación para el Progreso) que elaboran marcos discursivos. El objetivo declarado es “educar al soberano” para que el ajuste económico no se revierta en el futuro.

En síntesis, la respuesta libertaria no es solo económica: convierte la “batalla cultural” en política de gobierno, con el fin de consolidar las reformas estructurales y evitar, según su narrativa, que el “marxismo cultural” vuelva a instalarse en la sociedad.

Carlos Alberto Leiva

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