Gracias, Grabois, por tu rol de panelista

Hay que reconocerlo: en un país donde los “cuadros políticos” escasean y el kirchnerismo parece haber patentado el modelo de conducción unipersonal —Cristina y, a lo sumo, algún satélite—, aparece Juan Grabois para recordarnos que todavía existe la figura del opinólogo con vocación de prócer. Abogado, dirigente social, profesor, ex candidato, amigo del Papa y, sobre todo, panelista full-time: un todoterreno de la palabra justa en el momento justo.

Gracias, Grabois, por enseñarnos dónde está el límite. No en la inflación, ni en la pobreza, ni en la rosca infinita del peronismo, sino en Victoria Villarruel. Con precisión quirúrgica, nos explicaste que hay “núcleos innegociables” y que el “Nunca Más” no se negocia, aunque sí se puede negociar todo lo demás: candidaturas, alianzas, bendiciones papales y hasta la épica antiimperialista en formato católico para consumo de la tribuna propia. Tu coherencia es tan flexible como tu agenda de estudios de TV.

Gracias también por sostener que Cristina es una patriota y que su palabra “es garantía”, más allá de Hotesur, Vialidad o cualquier expediente que, según tu manual, entra en la categoría de lawfare. Es tranquilizador saber que la vara para medir la pureza ideológica se ajusta según el prontuario: si la causa toca a Cristina, es persecución; si la causa toca la memoria setentista, es terrorismo de Estado. Una hermenéutica jurídica que haría llorar de envidia a cualquier constitucionalista.

Y qué sería del debate sin tu cruzada contra Villarruel. Le dedicaste minutos de aire, reels, adjetivos (“mierda total”, “turra”) y una pedagogía envidiable: nos explicaste que reivindica a los represores y que por eso merece el destierro simbólico. Eso sí, cuando ella pone Malvinas en la mesa, preferimos quedarnos con el gesto admonitorio antes que con la incomodidad de discutir el tema. Total, el rating está en el exabrupto, no en el matiz.

Por último, gracias por tu antiimperialismo de diseño, con citas de Francisco, tono franciscano y estética de revolución en cuotas. Es el equilibrio perfecto: alcanza para encender a tu audiencia y, al mismo tiempo, no incomoda demasiado a la heterogénea sociedad argentina que, según parece, debe aggiornarse a tu catequesis antes que al revés.

Así que gracias, Grabois, por tu rol de panelista. Nos ahorraste el esfuerzo de pensar en grises y nos regalaste un mapa moral clarito: Cristina, sí; Villarruel, no; y el resto, que se acomode. La política argentina te lo agradece —sobre todo cuando hay que llenar minutos de aire.

Carlos Alberto Leiva

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