En la rosca bonaerense de 2025 todos hablan de Cristina, de Kicillof y de Milei. Sergio Massa y su Frente Renovador (FR) aparecen en un segundo plano, pero nadie se anima a borrarlo del todo. ¿Por qué? Porque el FR no tiene hoy volumen electoral propio, pero sí un capital político que, en un escenario fragmentado, cotiza.
Lo que no tiene: votos propios
El FR no es un partido de masas. Su mejor momento fue 2013-2015, cuando Massa capitalizó el voto peronista no kirchnerista. En 2023 ese caudal quedó absorbido por Unión por la Patria: Massa fue el candidato presidencial del peronismo y su estructura se diluyó dentro del PJ bonaerense. En la provincia, donde se juega el poder real, el FR aporta algunos intendentes (Tigre, San Fernando, General Pinto) y un bloque de legisladores, pero no alcanza para competir solo. En términos de arrastre puro, el sello FR hoy no supera un dígito a nivel nacional.
Lo que sí tiene: capacidad de articulación
Donde el FR pesa es en la mesa chica. En la Legislatura bonaerense, el bloque renovador fue la llave para destrabar el paquete de endeudamiento que necesitaba Kicillof: la crónica de la rosca lo describe como “jugador decisivo” junto a Máximo Kirchner. Massa conserva diálogo con todos los actores que el kirchnerismo duro no puede (o no quiere) hablar: intendentes del conurbano no K, gobernadores peronistas díscolos (Llaryora en Córdoba, Sáenz en Salta, Jalil en Catamarca) y dirigentes de la UCR y la Coalición Cívica. Esa condición de “bisagra” lo mantiene relevante aunque no tenga territorio propio.
El dilema Massa
El problema es estructural. Si se queda pegado a Cristina, retiene el aval del PJ y la lapicera en PBA, pero carga con el rechazo anti-K y no puede disputarle a Milei el voto bronca. Si se despega, gana aire para hablarle al centro, pero pierde la estructura que le permite existir. Por eso su estrategia hoy es ambigua: pide “unidad” con Cristina y Kicillof, pero preserva el bloque propio y se ofrece como articulador.
El factor Kicillof-Cristina
La pelea por desdoblar o no las elecciones bonaerenses es, en el fondo, la discusión sobre quién conduce el peronismo. Kicillof quiere votar en septiembre para provincializar la campaña y construir referencia propia; Cristina y Massa prefieren la elección concurrente para que los intendentes no se “desentiendan” de la pelea nacional. En ese tironeo, el FR vuelve a aparecer como mediador: sin él, el acuerdo entre el gobernador y el kirchnerismo se vuelve más difícil.
¿Cuánto vale, entonces?
Hoy el Frente Renovador vale poco en votos y mucho en rosca. Es un activo táctico: no define una elección por sí mismo, pero puede inclinar una negociación. Su cotización real se vió y verá:
Qué ocurrió en 2025
- Desdoblamiento confirmado. El 7 de abril TN tituló: “Kicillof rompe con CFK: anunció que desdoblará las elecciones en la Provincia de Buenos Aires para la primera quincena de septiembre”. La decisión abrió un calendario propio para PBA y dejó al descubierto la fractura con Cristina, que prefería elecciones concurrentes con Nación.
- Presión por suspender las PASO. Desde marzo se empujó una cumbre “CFK-Kicillof-Massa” para suspender las PASO bonaerenses y ordenar el cronograma. La idea era que, si había desdoblamiento, al menos se evitara una interna abierta que debilitara al peronismo.
Dónde quedó el FR de Massa
- Bisagra en la rosca. En la negociación por el paquete de endeudamiento y por el calendario electoral, Massa volvió a aparecer como “jugador decisivo” junto a Máximo Kirchner. Su bloque en la Legislatura bonaerense fue clave para destrabar los votos que Kicillof necesitaba, y a la vez le dio a Massa un lugar en la mesa de cierre de listas.
- Puente con Cristina. Después del anuncio de desdoblamiento, hubo gestos de recomposición: en abril C5N publicó que “Cristina pidió acompañar el proyecto de Kicillof” y ordenó a sus jefes de bloque alinearse con el gobernador; en junio Página/12 y C5N mostraron contactos directos “para coordinar la estrategia electoral” y “primeros pasos hacia la unidad”, con Massa “dispuesto a sumar donde haga falta”.
Resultado práctico
- El desdoblamiento se hizo, el peronismo llegó fragmentado a la discusión, y el FR no se licuó: se volvió a cotizar como articulador entre Kicillof (que necesitaba herramientas de gestión) y el kirchnerismo (que no quería perder el control de las listas). En otras palabras, el FR no aportó un caudal electoral propio decisivo, pero sí fue la llave para que la interna no terminara en ruptura total.
La hipótesis se cumplió. Kicillof desdobló, el peronismo bonaerense quedó dividido y el Frente Renovador funcionó como bisagra: sin votos propios suficientes para cambiar la elección por sí mismo, pero con la capacidad de sentar a las partes en la mesa y destrabar la rosca.
- 2027: si emerge un polo de centro (UCR + Coalición Cívica + socialismo santafesino + gobernadores anti-K), Massa y el FR recuperan valor como puente entre el peronismo no kirchnerista y el resto. Si la polarización Milei-kirchnerismo se mantiene, el FR seguirá siendo más un jugador de mesa chica que un actor electoral.
El Frente Renovador no “vale nada” en términos de arrastre propio, pero tampoco es descartable. Es un comodín que vale en la medida en que el sistema político necesite un articulador. Y en la Argentina de 2025, eso no es poco.
Carlos Alberto Leiva