El relanzamiento del PRO en Parque Norte dejó una definición que vale más que cualquier foto con Mauricio Macri: “En 2023 fuimos separados con LLA en Buenos Aires y ganó Kicillof, ese error no puede repetirse”. La frase es de Martín Yeza, diputado nacional y uno de los oradores del acto, en diálogo con Infobae (Patricio Tesei, 23 mar 2026 00:40 AR). Allí, Yeza reconoce que coincide con el diagnóstico de Cristian Ritondo: mantener el acuerdo político con La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires.
El argumento es aritmético y brutal: la provincia no tiene balotaje, concentra al 40 % del padrón y, si la oposición vuelve a dividirse, Axel Kicillof gana por acumulación. Yeza lo vuelve a decir sin eufemismos: “En la provincia no hay balotaje, por lo que resulta difícil imaginar volver a presentarnos divididos”. Y agrega la línea doctrinal que ordena al PRO hoy: “No seremos ni oposición ni funcionales al retorno del populismo”.
El costo de no dividirse
La tesis de Yeza es clara: el PRO no hace “vampirismo político” cuando un gobierno tropieza; elige sostener el cambio. Traducido: el partido que supo construir identidad en la gestión ahora se define por su relación con Javier Milei. “Elegimos acompañar al gobierno del presidente Milei desde el balotaje 2023, no solo en apoyo a él sino por los millones de argentinos que desean dejar atrás la crisis”, dice Yeza. Incluso habla de “un sacrificio de corto plazo como partido”.
Ese sacrificio tiene un precio. Si el acuerdo con LLA en PBA se consolida como eje de supervivencia, el PRO queda como socio territorial de un proyecto que no conduce. El relato nacional lo fija Milei; el PRO administra. Y cuando un partido administra lo que otro conduce, su “cotización” baja.
Yeza intenta despegar al PRO de la lógica meramente electoral: “El para qué es más importante que el cómo”. Pero la realpolitik bonaerense impone el cómo. Y ahí aparece la tensión que recorre todo el reportaje: Macri es convocado otra vez como si fuera Messi para un último mundial —“le pedimos retomar su papel”— porque “sus últimos candidatos se distanciaron”. El PRO busca vitalidad interna, pero su estrategia en la provincia lo ata al destino de LLA.
El hueco que ocupa el sobrino
En ese intersticio se mueve el “sobrino de Patricia Bullrich”. No necesita pelearse con Patricia Bullrich; la reubica. Para él, Bullrich rinde más como carta decisiva en CABA —la Jefatura de Gobierno— que como prenda de unidad nacional con Milei. En la Ciudad el PRO conserva músculo propio; Patricia puede encarnar orden sin quedar pegada al desgaste de la gestión nacional.
El sobrino habla el idioma de los huérfanos: los que no votan a Milei ni a Kicillof. No les ofrece refundaciones morales ni milagros de mercado; les ofrece método. “La política ya no tiene el monopolio del cambio”, admite Yeza. El sobrino agrega: tampoco lo tiene el mesianismo. El cambio es ingeniería de acuerdos, datos y cuerpo presente.
2027 en tercios y el dilema PRO
Las encuestas ya dibujan un 2027 en tres bloques: Milei, el peronismo bonaerense y un tercer espacio sin nombre. Si el PRO queda atado a LLA en PBA para no repetir 2023, confirma la sospecha que recorre comités y chats: fue cooptado. Sin Patricia con juego propio —por ejemplo, en CABA—, el PRO pierde precio nacional y se vuelve apéndice.
Yeza deja una puerta abierta: “De cara a una disputa presidencial, dependerá de cómo lleguemos; no hay un destino manifiesto”. Esa indefinición es el terreno fértil del tercer hombre. Si la fusión PRO-LLA avanza, el desencanto lo capitaliza el sobrino: exhibe la contradicción entre el relanzamiento discursivo en Parque Norte y la subordinación práctica en la provincia más poblada. Y si, en cambio, Patricia se planta en CABA, el sobrino gana igual: muestra que hay vida por fuera del binomio Milei-Kicillof y que el PRO todavía puede ofrecer algo distinto sin disolverse.
La frase que ordenó la noche —“ese error no puede repetirse”— es cierta en términos electorales. Pero la política no es solo aritmética. Cuando evitar la división te convierte en furgón de cola, el espacio vacante lo ocupa otro. Ese otro ya tiene nombre en los pasillos: el sobrino de Patricia.
Carlos Alberto Leiva