La oportunidad de Massa no tiene límites

Mientras los pubercandidatos se inmolan en cámara lenta y deleitan a la carnicería mediática con peleas de cartel y chicanas de prime time, Sergio Massa camina a otro ritmo: el del Frente Renovador, que pasea con la ambulancia por los márgenes del incendio, recogiendo lo que otros dejan roto. No compite en el espectáculo de la autodestrucción; recoge heridos, anota diagnósticos y arma una agenda.

Puertas afuera, la consigna es abrir el diálogo. Si el diagnóstico hacia adentro pasa por reconstruir una identidad basada en valores y ampliar la capacidad de representación, hacia afuera la premisa es hablar con todos: desde el círculo rojo hasta las pymes, pasando por los trabajadores de la nueva economía vinculados a aplicaciones, robótica e inteligencia artificial. “A todos hay que darles una alternativa porque ninguno la está pasando bien y el peronismo debe saber representarlos”, les dijo Massa a sus dirigentes más cercanos.

El exministro lee un agotamiento de la figura de Javier Milei a fuerza de los malos resultados en la economía real. El Presidente, considera, “perdió la capacidad de hablarle a la sociedad, con la agenda cotidiana”. “Hay una desconexión con lo que le pasa a la gente”, insiste, marcando a la vez el límite del Gobierno y la ventana que se abre para la oposición.

Pero sabe que no alcanza con esperar errores ajenos. “Para capitalizar ese escenario no alcanza con esperar errores del Gobierno. El peronismo debe construir una agenda propia, enfocada en los problemas concretos de la sociedad”, traducen quienes lo frecuentan. Massa no parece preocupado por debatir reformas políticas “que parecen hablar de cargos”, sino por empujar cambios con impacto real.

En esa línea, el Frente Renovador pone en valor su propia agenda legislativa. “Vamos a impulsar proyectos en la Legislatura que hoy están algo demorados. Por ejemplo, el de la senadora Ayelén Rasquetti, que propone que las petroleras deban informar el precio de los combustibles antes de aumentarlos”, adelantan sus alfiles platenses. El vicepresidente de la Cámara de Diputados, Alexis Guerrera, tendrá un rol clave para avanzar con esa iniciativa y la misión de sacarla a la brevedad. Se trata, en definitiva, de aceitar los engranajes de la maquinaria del peronismo, que debe estar a punto para una nueva batalla dentro de 18 meses.

En ese contraste —los que se inmolan frente a las cámaras y el que recorre con la ambulancia— Massa construye su diferencia: menos ruido, más agenda; menos pirotecnia, más gestión. La oportunidad, en ese marco, no parece tener techo.

Carlos Alberto Leiva

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