En los últimos días volvió a circular una definición atribuida a María Eugenia Vidal dirigida a Mauricio Macri —un lacónico y filoso “sí, pero no tenemos otro”— que, más allá de la literalidad, funciona como radiografía del momento político del PRO y de Juntos por el Cambio. No es un elogio ni una ruptura: es un sincericidio pragmático.
Qué dijo Vidal (y por qué importa)
En una entrevista reciente, Vidal sostuvo que “sin Macri no había Milei”: explicó que el hecho de que un gobierno no peronista completara su mandato fue la condición que abrió la puerta para que otro presidente no peronista pudiera ganar después. “El camino de Milei se construyó sobre las huellas del camino de Mauricio”, afirmó, y defendió que el PRO acompañe al oficialismo “aunque a veces tengamos que apoyar cosas que creemos que están bien y eso nos reste votos”. En la misma línea, otros medios recogen su argumento de que la experiencia de Macri fue indispensable para que el país aceptara una alternativa no peronista. Esa reivindicación histórica convive con la admisión implícita de que, hoy, el espacio carece de un recambio con la misma densidad.
El número que ordena la discusión
Las PASO 2023 dejaron una foto elocuente: Javier Milei obtuvo alrededor del 30 % (29,86 %) y Juntos por el Cambio, sumando las internas de Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta, se ubicó cerca del 28 %. El voto “no peronista/kirchnerista” —Milei + JxC— ronda así un 58 % del electorado, un caudal mayoritario pero fragmentado. Ese dato es el que vuelve tan potente el “sí, pero no tenemos otro”: si ese 58 % se articula, gana; si se divide, pierde.
La puerta que se abre: “el otro”
El subtexto de Vidal es que el liderazgo de Macri fue necesario pero ya no alcanza para sintetizar todo ese universo. La frase habilita la búsqueda de “el otro”: no necesariamente un dirigente del PRO ni un heredero lineal de Macri, sino un comodín capaz de:
- Capitalizar el voto macrista y el de JxC sin cargar con el desgaste de sus internas.
- Contener a figuras con experiencia de gestión —Vidal incluida— como garantía de gobernabilidad y armado territorial.
- Preservar el relato de cambio que Milei encarnó, pero dentro de una coalición más amplia y previsible.
En redes, esa idea se cristalizó en el meme “Sin Macri no había Milei” atribuido a Vidal, y en coberturas que subrayan su defensa del rol del PRO frente al gobierno actual.
Conclusión: reconocer el pasado para habilitar el futuro
“Sí, pero no tenemos otro” no es una rendición ni una canonización. Es la aceptación de una realidad: Macri fue la condición de posibilidad para que un no peronista completara un mandato y, por lo tanto, para que Milei pudiera llegar. Pero la aritmética electoral —ese ~58 % disperso entre Milei y JxC— sugiere que la próxima etapa exige un liderazgo capaz de unir, no de dividir. Vidal, en ese esquema, se ubica como bisagra: reivindica el pasado macrista como piso histórico y, al mismo tiempo, abre la discusión sobre un recambio que aproveche su propio capital político y la tenga a su lado como articuladora de una coalición mayor.
Carlos Alberto Leiva