En la inauguración del Argentina Week en Nueva York, el presidente Javier Milei volvió a cargar contra el empresariado local y calificó a Paolo Rocca (Techint/Tenaris) y a Javier Madanes Quintanilla (Fate) como “empresarios prebendarios”. Allí dijo que “Rocca, Madanes, en connivencia con políticos ladrones atacaron a muchos argentinos, pero se terminó” y que “sostienen ese sistema porque sostiene la corrupción”. En su lógica, la protección arancelaria equivale a una transferencia forzada: “si la consecuencia… es una barrera comercial, es un robo”.
Qué significa “ladrón” en boca de Milei
No es una imputación penal, sino una etiqueta político-moral dentro de su marco libertario. Para Milei, el problema no es que el vendedor fije el precio —defiende que “los precios deben determinarse libremente por la oferta y la demanda, sin intervención del Estado”— sino cómo se forma ese precio. Si el precio alto se sostiene por barreras estatales (aranceles, cupos, regulaciones que bloquean importaciones), él lo llama “prebenda” y lo equipara a un robo.
Por qué el Presidente no puede “sacar del medio” a Rocca
Aunque Milei controla el Ejecutivo, “el Estado” no es solo el Presidente. Puede bajar aranceles dentro del margen del Mercosur y desarmar trabas administrativas, pero enfrenta límites: el Arancel Externo Común pone pisos y exige consenso con los socios; el Congreso condiciona reformas estructurales; provincias y Justicia pueden frenar o encarecer la apertura en la práctica; y la macro (reservas del BCRA) limita la velocidad de cualquier avalancha importadora. Ese descalce entre voluntad y herramientas alimenta la frustración.
Ventaja competitiva vs. protección
Que hoy casi no se importe lo que produce Techint no implica automáticamente que nadie pueda competir. Puede haber ventaja genuina (escala, know-how, logística, certificaciones y servicio para sectores como petróleo y gas) o barreras (aranceles y para-arancelarias, costos locales distorsionados, contratos de largo plazo y costos de cambiar de proveedor). La prueba de fuego es con aranceles bajos y reglas claras: si los clientes siguen eligiendo a Techint, hablamos de ventaja competitiva; si entran importaciones y desplazan demanda, había renta por protección.
El escepticismo histórico: abrir no garantiza baja de precios
La experiencia argentina muestra que la apertura, por sí sola, no asegura que bajen los precios al consumidor. El tipo de cambio y la carga impositiva (IVA, anticipos, ingresos brutos) encarecen el importado aunque el FOB sea bajo; la estructura de comercialización (pocos importadores, márgenes, logística y costo financiero) limita el traslado a góndola/obra; y en rubros como tubos para Vaca Muerta, las homologaciones y el riesgo operativo hacen que la demanda no sea perfectamente elástica. Además, con la recuperación, las importaciones suelen crecer más rápido que las exportaciones y el superávit se comprime, tensionando el dólar y licuando parte del abaratamiento inicial.
“Ladrón/prebendario” es la forma en que Milei nombra a quien, según su criterio, se beneficia de barreras estatales. No es un fallo judicial; es la expresión de una frustración política: quiere disciplinar precios vía competencia externa, pero choca con límites institucionales y macroeconómicos. Medir el éxito de esa agenda no es cuestión de titulares, sino de traslado efectivo a precios; si con cancha nivelada Techint sigue ganando, era competitividad; si pierde cuota, había protección.
Carlos Alberto Leiva