Más allá de Milei y del kirchnerismo, lo que está en juego en Argentina no es solo el desempeño de un gobierno, sino el vaciamiento de la política como herramienta de construcción colectiva. Entre la herencia crítica del kirchnerismo —con un dólar oficial que pasó de ∼363 a ∼1.400 pesos (banda superior ∼1.600) y una inflación que bajó al 31,5% en 2025 tras el 117,8% de 2024— y la estrategia de los Milei (centralizar decisiones en un círculo íntimo con Karina como pieza clave, eliminar las PASO, polarizar contra los “kukas” y apostar a un balotaje fragmentado), el problema de fondo es la ausencia de diálogo federal. Sin articulación con provincias y sin pedagogía pública sobre restricciones reales, reaparecen las expectativas de devaluación, los dólares del Banco Central se van a intereses de deuda y la incertidumbre alimenta el estancamiento. El riesgo no es incumplir promesas como la dolarización o los vouchers, sino que la política deje de procesar conflictos y construir acuerdos mínimos. Recuperar la conversación amplia y la capacidad de pactar es la urgencia federal que puede transformar la expectativa de cambio en mejoras palpables antes de 2027.
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