Salir del porteñocentrismo: una urgencia para pensar (y exigir) la Argentina real

Durante demasiado tiempo, la conversación pública argentina se escribió con acento porteño. No es casualidad: en el AMBA viven unos 16 millones de personas —3 millones en CABA y alrededor de 13 millones en el conurbano—, es decir, entre el 35 % y el 37 % de la población del país. Ese tercio concentra además más de la mitad del PBI (la provincia de Buenos Aires aporta el 32 % y CABA otro 20 %), los principales medios, los despachos donde se toman decisiones y la caja de resonancia de la agenda nacional. El resultado es un “porteñocentrismo” que confunde una parte con el todo.

Lo que se pierde cuando todo se mira desde el AMBA

  • Identidad recortada. Se habla de “lo argentino” y se termina describiendo, casi siempre, un repertorio de códigos, problemas y consumos metropolitanos. La película Homo Argentum fue criticada precisamente por eso: “muestra algo que pasa en Argentina, que en realidad está pasando solo en Buenos Aires”.
  • Agenda sesgada. Diputados santafesinos rompieron con su bloque porque “los temas de Buenos Aires son totalmente distintos a los que vivimos los santafesinos”; en el interior pesan la producción, la seguridad y la logística, no la coyuntura del subte o del microcentro.
  • Desigualdad institucionalizada. El PJ bonaerense calificó a la Corte de “servil y porteñocentrista” porque sus fallos impactan en inversión para escuelas, hospitales y rutas en las provincias. El federalismo queda, muchas veces, en el papel.

El país que aparece fuera del marco porteño

  • Potencia agroindustrial. El interior de la provincia de Buenos Aires, junto a Córdoba y Santa Fe, sostiene gran parte de las exportaciones: Buenos Aires genera el 93 % de la cebada, 56 % del girasol, 49,5 % del trigo, 33 % de la soja y 29 % del maíz del país, además de concentrar el 36,7 % del stock bovino y ser la tercera cuenca lechera.
  • Diversidad productiva. El NOA aporta litio, azúcar y limón; el NEA, yerba y madera; Cuyo, vino y minería; la Patagonia, energía, pesca y turismo. Son cadenas que traen divisas, empleo y conocimiento, pero rara vez dominan los titulares porteños.
  • Desequilibrios que exigen respuestas. Mientras algunas zonas tienen indicadores comparables a países de la OCDE, otras enfrentan brechas de infraestructura y servicios básicos. Ver esas diferencias es el primer paso para corregirlas.

Por qué cambiar la óptica te vuelve mejor ciudadano

  1. Amplía el diagnóstico. Dejás de evaluar políticas solo por su efecto en CABA/conurbano y empezás a preguntar cómo impactan en logística, cadenas regionales y arraigo.
  2. Da herramientas para exigir. Con una mirada federal podés reclamar federalismo fiscal real, inversión en rutas y trenes, puertos fuera de Buenos Aires, y políticas diferenciadas por región en vez de recetas metropolitanas.
  3. Eleva el debate. Salís de estereotipos y entrás en una discusión con evidencia territorial: menos eslóganes, más mapa.

Una invitación práctica

  • Leé medios y periodistas del interior; seguí agendas locales.
  • Compará datos: cuánto aporta tu provincia al PBI, qué produce, qué exporta.
  • Preguntá a tus representantes cómo sus decisiones afectan fuera del AMBA.
  • Viajá, aunque sea con la lectura: conocé historias productivas de otras regiones.

Salir del porteñocentrismo no es un gesto folclórico. Es una forma de pensar más honesta, más completa y más útil. Porque la Argentina no termina en la General Paz: empieza, justamente, donde dejamos de mirarla solo desde ahí.

Carlos Alberto Leiva

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