Alejandro Fantino está desilusionado con los medios, pero su bronca no viene de una trinchera ideológica. Viene de algo más simple y más incómodo: siente que lo dejaron solo. En los últimos meses acumuló una serie de cruces, descargos y gestos que pintan un mismo cuadro: la TV abierta y el cable ya no traccionan, el streaming es chico y depende del recorte, los portales tienen tráfico pero no comunidad, y las redes son una trinchera donde se milita más de lo que se conversa.
No es “libertario”, es “no soy nada”
Cada vez que lo corren por ideología, Fantino aclara el punto: “¡Yo no soy libertario! Te lo digo mirándote a los ojos. ¿Qué, por ser amigo de Milei soy libertario? ¡Nada soy yo!”. Esa frase, repetida en un cruce con Jorge Rial, resume su posición: tiene afinidad personal con el Presidente, quiere que al Gobierno “le vaya bien”, pero marca límites públicos. “Lo único que no le puede pasar a este Gobierno… es que haya mugre y que haya ladrones. Que se vayan a Guantánamo”, dijo tras el escándalo de los audios. Y también se plantó cuando no le gustó el uso de la palabra “esfuerzo”: “No deben decir más que están haciendo el esfuerzo… no usés más la palabra esfuerzo”. La respuesta de los trolls libertarios fue bautizarlo “Fantibio” y atacarlo; él retrucó: “No quiero chupar p… chicos”.
La doble vara que lo irrita
El corazón de su enojo no es partidario, es corporativo. Fantino denuncia una doble vara entre la TV tradicional y el streaming. Cuando en Neura hubo un chiste de humor negro que se fue de las manos (el caso del programa de “Tronco”), comparó con conductores de la tele que siguieron al aire pese a estar involucrados en causas graves, mientras a otros los “bajan” por mucho menos. Esa hipocresía, dice, protege a los propios y castiga selectivamente.
“Los picantes desaparecen cuando hay que bancar”
El otro eje es la soledad. En un descargo en Neura contra el silencio de influencers libertarios lanzó: “¿Cuántos picantes de redes están desaparecidos ahora que hay que bancar? No cuenten conmigo para hacer ch… dialéctico… Somos nosotros los que después salimos a bancar un montón de cosas. Los tipos que escriben en el diario Irigoyen y que te dicen que son más libertarios que Javier, después son los primeros que te dejan y corren”. La queja es clara: él pone la cara, otros se borran.
El golpe del clima social
Fantino abrió el micrófono en su radio para que la audiencia contara “cómo están yendo las cosas”, esperando un tono más optimista. Lo que volvió fue una catarata de mensajes de ajuste, caída del consumo y frustración —incluso entre votantes del oficialismo— y terminó “deprimido”. El clima social le marcó la agenda y le devolvió un espejo incómodo.
Un ecosistema que ya no contiene
El mapa que deja el caso Fantino es el de un sistema mediático fragmentado y sin centro:
- Noticieros de cable en 3 puntos (y a veces menos). TN, C5N, LN+, A24 y compañía pelean un rating chico; pesan por rebote, no por volumen.
- Streaming con audiencia baja en términos de TV. Neura, Olga, Luzu o Blender meten 20-40 k en vivo en un buen día y suman en diferido, pero su fuerza está en los recortes, no en el directo.
- Los .com tienen tráfico, pero poco feedback. Infobae, Clarín, La Nación o Perfil juntan millones de visitas por SEO y redes; la conversación real, en cambio, es escasa.
- Las redes son trincheras. X, Instagram, TikTok y los comentarios de YouTube premian el enfrentamiento y la militancia, no el debate.
Conclusión: no es ideología, es intemperie
Fantino no se enoja desde una doctrina; se enoja porque percibe hipocresía, oportunismo y una agenda que hoy fija el humor social más que las redacciones. Apoya a Milei con condiciones, critica cuando no le gusta, y reclama coherencia a un ambiente que, según él, protege a los suyos y deja solos a los que ponen la cara. Por eso se corrió a su proyecto en Neura y avisó que no vuelve a la radio tradicional. En el fondo, su bronca es la de alguien que se quedó sin ecosistema: ni la TV lo contiene, ni el streaming lo blinda, ni los portales conversan, ni las redes escuchan.
Carlos Alberto Leiva