YPF, la nafta y las frases para la tribuna: qué hay detrás del cruce entre Kicillof y Milei

El pedido de Kicillof

Tras el fallo favorable de la Cámara de Apelaciones de Nueva York en el juicio por la expropiación de YPF, el gobernador bonaerense Axel Kicillof aprovechó una conferencia en La Plata para reclamarle al presidente Javier Milei que intervenga en el mercado de combustibles. “Llamo al Gobierno a que cuide el bolsillo de la gente; para eso tenemos YPF nacional, para tener una política en torno al precio de los combustibles internos, sobre todo cuando ya logramos el autoabastecimiento”, dijo, y recordó que la guerra en Medio Oriente está empujando el precio de la nafta —que ya supera los 2.000 pesos por litro en surtidor.

En ese mismo mensaje Kicillof reivindicó la estatización de 2012 (cuando era ministro de Cristina Kirchner): sostuvo que la privatización de los 90 hizo caer la producción y perder el autoabastecimiento, mientras que la recuperación del control estatal permitió revertir esa tendencia, impulsar Vaca Muerta y multiplicar las perforaciones. También celebró que la Cámara dejara en claro que “la ley argentina y la Constitución están por encima del estatuto de una empresa privada” y advirtió que ahora “es total responsabilidad de Milei seguir defendiendo a la Argentina”.

Por qué no es tan simple como “bajar la nafta con YPF”

El precio en surtidor es un combo de factores que el Estado no maneja a voluntad, aun teniendo la petrolera bajo control:

  • Crudo y tipo de cambio. Aunque Argentina recuperó autoabastecimiento, el barril se referencia en dólares y la volatilidad internacional (como la guerra en Medio Oriente) se traslada al costo interno.
  • Impuestos y regulaciones. Cerca del 40-45 % del precio final son tributos (ICL, IDC, IVA e ingresos brutos). Las subas recientes —por ejemplo, los aumentos de 3,5 % en julio o de hasta 4 % anunciados en meses previos— suelen explicarse, en parte, por la actualización de esos impuestos.
  • Costos de refinación, logística y biocombustibles. YPF debe cubrir transporte, mezcla con biocombustibles y mantenimiento de la red. Si esos costos suben, la empresa necesita financiarlos o absorber pérdidas.
  • Restricción financiera. YPF invierte fuerte en Vaca Muerta, tiene deuda en dólares y compite con otras refinadoras (Axion, Shell, Puma). Fijar precios muy por debajo del mercado deteriora su caja y obliga a más endeudamiento o a subsidios del Tesoro, algo que choca con el ajuste fiscal que impulsa Milei.

Frases para la tribuna vs. restricciones reales

Decir “para eso YPF es nacional” suena contundente en un acto, pero gobernar el precio de la nafta no es moco de pavo. Los mismos que dejaron la economía al borde de la hiperinflación deberían hacer una autocrítica antes de repetir consignas. La herencia fue un combo de déficit crónico, tarifas pisadas, atraso cambiario y emisión monetaria constante; ese cóctel vació reservas y dejó la macro atada con alambres.

Volver a agitar la idea de financiar todo con emisión y, al mismo tiempo, atrasar servicios públicos —combustibles, luz, gas, transporte— es repetir la receta que ya fracasó. Congelar la nafta por decreto puede dar alivio de corto plazo, pero traslada el costo al balance de YPF, a la deuda del Tesoro o a la inflación futura cuando el atraso se sincerá de golpe. Usar la petrolera como amortiguador solo sirve si hay un plan fiscal consistente detrás; usarla como excusa para volver a la emisión y al atraso tarifario asusta a quien produce, invierte y trabaja.

YPF puede moderar, pero no eliminar, la volatilidad que viene del precio internacional, los impuestos y la propia estructura de costos. Normalizar la economía no pasa por consignas grandilocuentes, sino por reconocer restricciones y evitar los atajos que ya nos llevaron al borde de la hiper.

Carlos Alberto Leiva

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