Milei empezó a perder el apoyo de los jóvenes: causas del desgaste

El fenómeno que llevó a Javier Milei a la Casa Rosada se apoyó, en buena medida, en el entusiasmo juvenil. Dos años después, distintos relevamientos muestran que ese núcleo empieza a resquebrajarse: la imagen positiva entre 16-29 años cayó del 63,9 % en noviembre de 2024 al 51,4 % en marzo de 2026, mientras el rechazo en el mismo grupo trepó al 48,5 %. La consultora Isasi-Burdman habla directamente de un “60 % de negatividad” en el segmento sub-35. ¿Qué pasó?

1. Del “esperanza” al pesimismo económico

Los jóvenes que en 2023 votaron con la palabra “esperanza” como bandera hoy expresan desilusión porque el ajuste impactó en el bolsillo de sus hogares. El 59 % cree que a fin de año el país estará peor y entre los sub-35 las preocupaciones centrales son desempleo/falta de ingreso (35,5 %), inflación (30,1 %) y endeudamiento personal/familiar (18 %). La disociación entre el discurso anti-casta y la realidad cotidiana —padres que no pueden financiar estudios, salarios que no alcanzan— se volvió insostenible.

2. Choque con valores sobre el rol del Estado

Aunque el relato libertario prometía reducir el Estado, el 83 % de los jóvenes (incluso tres de cada cuatro votantes de Milei) sostiene que salud y educación públicas deben estar garantizadas. Cuando los recortes tocaron universidades, hospitales o programas sociales, el apoyo se fisuró: “una cosa es el TikTok y otra lo que pasa en tu casa” resume un docente citado en el relevamiento.

3. Brecha de género y pérdida de la estética “rebelde”

El respaldo juvenil era mayoritariamente masculino; entre las mujeres jóvenes la desaprobación llega al 59 %. La identidad libertaria, construida sobre una “imagen masculina extrema” y el aura de rebeldía antisistema, se desgasta al volverse oficialismo: “en los colegios está dejando de ser cool bancar al Javo”. El “romance estético” se rompe cuando el líder pasa a ser el sistema.

4. Baja intensidad política y desmovilización

El vínculo es frágil: el 73 % dice que irá a votar, pero el 69 % manifiesta poco o nulo interés por la política y el 81 % evita hablar de política con amigos. El 77 % asocia hoy la política con sentimientos negativos (bronca, decepción, cansancio). Esa apatía se traduce en abstención: los sub-35 son quienes menos “ganas” tienen de votar (32,3 % frente al 49 % en mayores de 35), y muchos ex votantes de Milei optan por no ir a las urnas antes que cambiar de boleta.

5. Episodios que erosionaron credibilidad

Escándalos como la promoción de la criptomoneda $LIBRA golpearon al núcleo “cripto bro” y alimentaron la idea de “estafa” a la juventud. A eso se suman medidas percibidas como punitivas —por ejemplo, la aprobación del régimen penal juvenil— que polarizan el debate y generan rechazo entre quienes ven al Estado como garante de derechos.

La pérdida de apoyo juvenil no es solo una caída de puntos, sino la fractura de un vínculo de “baja intensidad” basado en esperanza y estética disruptiva. Cuando el ajuste tocó la vida cotidiana, la defensa de lo público y la brecha de género se hicieron visibles, el entusiasmo se transformó en pesimismo y desmovilización.

Carlos Alberto Leiva

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