A cincuenta años del golpe, Sergio Massa volvió a la calle. No presentó un plan económico ni lanzó una candidatura: reposteó el mensaje de su Frente Renovador —“presentes en las calles, acompañando la lucha por la memoria, la verdad y la justicia… Nunca más”— y acompañó la movilización del 24 de marzo con un mensaje propio: “memoria para no olvidar, democracia para construir futuro”. Lo hizo, además, sin encolumnarse detrás de las grandes columnas del peronismo kirchnerista. El gesto reavivó la pregunta que circula en despachos y redacciones: ¿está Massa buscando —y, sobre todo, hay— un lugar en el centro del tablero político?
El mapa después de 2023
La derrota en el balotaje frente a Javier Milei dejó al peronismo en una situación paradójica: mantiene volumen territorial y una liturgia potente —el 24M es la mejor prueba—, pero su conducción está en disputa. Cristina Kirchner conserva centralidad simbólica y pide unidad “sin mezquindades ni egos”; Axel Kicillof consolida poder en Buenos Aires e intenta ordenar el armado opositor; el kirchnerismo duro ocupa la calle con identidad propia. Del otro lado, Milei domina la agenda desde la derecha libertaria. En el medio queda un espacio difuso: un electorado que rechaza el ajuste sin red y, a la vez, desconfía de la épica de la resistencia K.
La jugada del 24M
El massismo eligió una fecha de consenso para reaparecer. La cobertura —Junín Digital, Cuarto Político, Info del Estero— repite la misma fórmula: “Massa participará de la movilización y su presencia responde a una convicción… también participarán referentes y militantes del Frente Renovador”. No hubo columna propia ni integración visible a los bloques de La Cámpora o el sindicalismo K. Es un gesto de bajo costo y alto rendimiento simbólico: Massa se muestra en una causa transversal (memoria, verdad, justicia, democracia) sin quedar atado a la interna peronista y sin hablar de inflación, FMI o tarifas.
Presentes en las calles, acompañando una vez más la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.
— Frente Renovador (@FrenteRenovador) March 24, 2026
Porque hay heridas que no se olvidan, y una historia que nos une en el compromiso con la democracia.
Nunca más. pic.twitter.com/gAfdFyXhul
Cómo lo miran Kicillof y Cristina
Para Kicillof, la unidad es necesaria pero la conducción no se regala. Ha compartido fotos y cierres con Massa cuando la coyuntura lo exigió —por ejemplo, al denunciar “un golpe institucional” de Milei contra la provincia—, pero marca límites: busca consolidar su propio armado (el Movimiento Derecho al Futuro) y no quiere que el Frente Renovador le imponga una candidatura bonaerense para 2027. Cerca de Massa responden con la misma moneda: “Somos una coalición de tres patas; no estamos bajo la conducción de Axel ni de Máximo”.
Cristina, por su parte, valora los gestos que suman volumen opositor y ha reconocido a Massa en otros momentos (“haberle dicho la verdad a los argentinos sobre el FMI”), pero advierte sobre egos y reclama síntesis. En la práctica, tanto Kicillof como Cristina leen la presencia de Massa el 24M como útil para mostrar musculatura, pero también como un movimiento autónomo que no implica subordinación.
¿Hay demanda de centro?
El “centro” no es solo una posición ideológica; es un espacio de representación que quedó vacante tras 2023. Hay intendentes, gobernadores y sectores productivos que no se sienten cómodos ni con el ajuste libertario ni con la confrontación permanente del kirchnerismo. El Frente Renovador siempre se vendió como esa pata dialoguista del peronismo: gestión, vínculo con el interior productivo, menos épica y más administración. El 24M le permite a Massa reconectar con un valor transversal (democracia y DD.HH.) sin cargar con el lastre de su paso por Economía.
Los límites del intento
- Desconfianza cruzada. El kirchnerismo duro recela de su autonomía; el electorado antiperonista lo asocia a la gestión 2022-2023. Marchar sin encolumnarse ayuda a diferenciarse, pero también alimenta la sospecha de oportunismo.
- Capital simbólico vs. capital político. El rédito inmediato es visibilidad: Massa vuelve a la conversación. Pero no hay, por ahora, armado territorial, propuesta económica ni alianzas que conviertan ese simbolismo en votos.
- Competencia por la conducción. Si Kicillof y Cristina buscan ordenar el peronismo, el lugar del “centro” solo será real si Massa logra articular a gobernadores, intendentes y sectores medios sin quedar absorbido por la conducción K ni diluirse frente a Milei.
Conclusión
Sí, hay un hueco en el centro del sistema político argentino, y Massa lo está tanteando con gestos como el del 24M: acompaña una causa de consenso, se muestra en la calle y evita quedar encuadrado. Que ese hueco se convierta en espacio efectivo dependerá de algo más que una efeméride: necesita una narrativa económica creíble, una arquitectura de alianzas que hoy no existe y la capacidad de transformar la visibilidad en representación. Por ahora, Massa “cotiza” en términos simbólicos; si eso alcanza para ocupar el centro, es la pregunta que seguirá abierta.
Carlos Alberto Leiva