El escenario que dejan Gebel, Villarruel y Macri no es solo un problema para Milei: es una oportunidad para los que hoy miran la elección desde afuera del balotaje. Si Axel Kicillof, La Cámpora, los gobernadores peronistas, Cristina Kirchner y también Mauricio Macri leen bien la fragmentación, la jugada más racional para preservar poder no es insistir con candidatos propios que no rompen el techo, sino apostar por un outsider de centro que los deje a todos como árbitros del próximo gobierno.
1. El techo de Milei queda bloqueado y obliga a balotaje
La simulación de CB Consultora (10-15 feb 2026, 2.588 casos) pone a Milei en 35,7 %, a Kicillof en 22,5 %, a Villarruel con 5,2 % y a Gebel con 0,8 %. El informe lo dice explícito: esos 5,2 puntos “no alcanzan para pelearle el liderazgo a Milei, pero sí para impedirle llegar al 45 % (o 40 % + 10) y forzarlo a segunda vuelta”. Si Macri retiene su 6,7 % de diciembre 2024 y Gebel raspa otro punto en el mundo evangélico, Milei queda atrapado en la franja 35-38 %. Con 20 puntos de voto no positivo/indecisos dando vueltas, el balotaje deja de ser un trámite.
2. El “voto blando” que sostuvo a LLA ya se está partiendo
“El voto blando que permitió a Milei derrotar a Sergio Massa en 2023 comienza a disgregarse ante la aparición de distintas ofertas: Macri, Villarruel y Gebel”. Ese votante no es ideológico puro; es rechazo al statu quo y, cuando aparecen opciones que hablan el mismo lenguaje (mano dura, anti-establishment, perfil personalista), se reparte. La nota de HolaSalta lo resume: “al poder de daño de Macri y Villarruel sobre el electorado de LLA… se suma la irrupción de otro outsider, Dante Gebel”. Cada punto que se va de Milei no vuelve al peronismo ni al PRO; queda disponible.
3. El peronismo no rompe su techo del 22-25 %
Kicillof aparece como el mejor posicionado del espacio, pero clavado en 22,5 %. Ese número alcanza para entrar al balotaje si la derecha se divide, pero no para ganarlo contra Milei mano a mano: la memoria del 2023 y el rechazo al kirchnerismo duro siguen activos. Para La Cámpora, los gobernadores y Cristina, insistir con una candidatura propia implica repetir el escenario de polarización que ya perdieron. En cambio, un outsider de centro les permite conservar gobernaciones, legisladores e intendencias sin cargar con el desgaste nacional.
4. A Macri tampoco le sirve polarizar con Milei
El PRO mide 6,7 % en diciembre 2024 y su “poder de daño” sobre LLA es real, pero insuficiente para ganar. Si endurece el perfil opositor “podría arrebatarle una porción considerable de votantes a los libertarios”, pero no le alcanza para volver a la Casa Rosada y, además, queda pegado al ajuste libertario. Apostar por un moderado le permite a Macri recuperar centralidad como armador y garantizarle al PRO un lugar en la mesa sin el costo de encabezar la boleta.
5. El favor estratégico: usar al outsider como vehículo y cobrarle el peaje
Ninguno de los tres (Villarruel, Macri, Gebel) necesita ganar; su rol es de spoiler. Al quitarle cada uno un par de puntos a Milei, lo dejan sin primera vuelta y abren una segunda vuelta sin un polo dominante. Ahí aparece el negocio para el peronismo y para Macri: apoyar —explícita o tácitamente— a un candidato de centro que no tenga techo alto ni pasado que facturar. Ese outsider necesita estructura territorial, fiscales y gobernabilidad parlamentaria; eso lo aportan los gobernadores, los intendentes y los bloques legislativos que hoy controlan Kicillof, La Cámpora y el PRO. A cambio, mantienen cajas, ministerios y capacidad de condicionar la agenda. Es la lógica de “jugar con el outsider” para no perder todo.
En síntesis: Macri, Villarruel y Gebel fragmentan el voto que sostiene a Milei y lo dejan sin primera vuelta. Esa dispersión deja al peronismo con un techo bajo y al PRO sin retorno. La salida racional para Kicillof, La Cámpora, los gobernadores, Cristina y también para Macri es la misma: no forzar candidaturas propias que no rompen el techo, sino apalancar a un outsider de centro que pueda colarse en el balotaje y, una vez allí, gobernar con los votos que ellos le prestan —y que después le van a cobrar.
Carlos Alberto Leiva