Escuchamos a uno de esos “dirigentes peronistas de largo recorrido” –o sea, los mismos de siempre, los que nunca faltan en la foto– y te suelta una frase que parece profunda: “Cuando no hay candidatos, hay bandas”. Y te quedás pensando, ¿bandas de qué? ¿De cumbia? ¿De ladrones? Porque lo que vemos es un rejunte. Gente que se supone que tiene que oponerse, pero parece más preocupada por ver quién se sienta en la silla grande.
¿El tal Kicillof? Ahí lo tenés, gobernador, pero según sus propios muchachos, no despega. ¿Por qué? Porque arrastra la mochila de Cristina Kirchner. Y a ver, con todo respeto, ¿quién quiere volver a esa película? La gente no quiere más fantasmas del pasado, ni de un lado ni del otro. Queremos laburo, queremos que la plata alcance, queremos que no nos mientan. Y el peronismo, con Kicillof a la cabeza, parece no entender que ya no se trata de quién fue o dejó de ser, sino de qué me va a dar a mí, hoy, que tengo el bolsillo flaco.
Hablan de que “maneja sus tiempos”, como si esto fuera un partido de ajedrez. No, loco, esto es la vida real. La gente no tiene “tiempos” para esperar. La gente tiene que pagar el alquiler, la luz, la comida. Y si la oposición está esperando “después del Mundial” para arrancar a laburar en serio, es que están viviendo en otro planeta. ¿El Mundial? ¿En serio? ¿Ese es el hito que les marca el calendario para pensar en la gente?
Y después viene la parte que da más bronca: la “coalición amplia”. Es decir, se juntan todos. El que te decía una cosa hace dos años, ahora te da la mano. El que era enemigo acérrimo, ahora es compañero. ¿Por qué? Porque les conviene. Porque ven que Milei, con todos sus problemas y con toda la bronca que genera en muchos, está ahí. Y para sacarlo, se agarran de un clavo ardiendo. No les importa si tienen ideas distintas, si se odiaron toda la vida. Lo único que importa es el sillón.
Y Cristina, la figura de siempre, que ahora la tienen que “mantener con perfil bajo”. ¿Qué significa eso? ¿Que no hable? ¿Que no opine? Si es la que maneja los hilos de un pedazo del peronismo, que se haga cargo. No se puede soplar y sorber al mismo tiempo. O está o no está. Pero esta ambigüedad, esta cosa de la “jefa” que tiene que estar pero sin estar, es lo que confunde y lo que hace que nadie les crea del todo.
La bronca es que hablan de “grandes PASO” para resolver sus problemas internos. ¿Y mis problemas? ¿Los de la gente que no llega a fin de mes? ¿Cuándo los resuelven? Lo único que parece importarles es “ganarle a Milei”. Y sí, hay mucha gente decepcionada con Milei, mucha gente que votó un cambio y no lo ve. Pero que la opción sea un rejunte de los mismos de siempre, sin una idea clara que no sea “sacar al otro”, no es muy tentador, ¿eh?
Dicen que “no sobra nadie”, que “hay que ampliar”. Suena a desesperación, a juntar lo que sea con tal de tener volumen. Como si la cantidad fuera calidad. Y la verdad es que, para el que está mirando desde afuera, con el estómago vacío y la incertidera en la cabeza, esta oposición parece más un grupo de amigos buscando un lugar para caer, que gente pensando en cómo levantar el país.
El tema de las PASO, que el gobierno las quiere sacar y ellos las quieren mantener. ¿Por qué? Porque es la única forma que tienen de disimular que no se ponen de acuerdo en nada. “Que las diferencias que no puede saldar la política, las salde la gente con el voto”, dicen. O sea, nos tiran el problema a nosotros porque ellos no pueden resolverlo. Patético.
En fin. La gente está cansada de los discursos rimbombantes, de las internas y de las figuritas repetidas. Queremos soluciones reales. Y esta oposición, que parece más preocupada por el cómo se junta que por el para qué, no está dando el ancho. Hay mucha gente decepcionada con Milei que espera algo mejor. Pero si la alternativa es esta banda de “lobos enjaulados” que esperan al Mundial para pensar un plan, estamos complicados. Muy complicados.
Carlos Alberto Leiva