El ajuste de Milei: Del gasto público al bolsillo privado y la incógnita de la reactivación

El programa económico del gobierno de Javier Milei transita una nueva fase, tras un primer semestre de 2024 que dejó una fuerte impronta de ajuste fiscal. Lo que comenzó como una “motosierra” dirigida principalmente al gasto público, percibido por una parte de la sociedad como excesivo y encontrando una notable “aceptabilidad”, ha virado hacia un impacto cada vez más tangible en el sector privado, generando un intenso debate sobre su sostenibilidad y sus consecuencias a mediano plazo.

El mérito de sostener el superávit fiscal, un objetivo central del gobierno, no está exento de costos. Se ha logrado, en gran medida, a expensas de la destrucción de la obra pública, el deterioro de la infraestructura y el recorte de transferencias a las provincias. Sin embargo, la preocupación creciente se centra en el costo que ahora recae directamente sobre empresas y trabajadores, una dinámica diferente a la inicial y que, según muchos analistas, se traduce en cierres de fábricas y un golpe significativo al entramado productivo nacional.

La discusión central es si este impacto podría haberse “administrado” o “morigerado” con una secuencia de reformas distinta. Algunos plantean la posibilidad de un proceso de liberación económica acompañado de cambios estructurales más graduales o con un enfoque diferente, que permitiera a los sectores productivos adaptarse. Para el gobierno, la situación actual se presenta como “inevitable”, un paso doloroso pero necesario para reordenar las cuentas.

Dentro del sector industrial, la preocupación es palpable. Existe la percepción de que una parte de la “vieja escuela” industrial aún se resiste a salir de su “zona de confort”, acostumbrada a prácticas arraigadas como depender de créditos subsidiados. No obstante, la realidad para muchos empresarios hoy es cruda: la combinación de una economía abierta, sin una baja significativa de impuestos que compense, y un tipo de cambio percibido como “bajo”, reduce drásticamente las opciones para aquellos que no operan en sectores extractivos, mineros o de alta tecnología. La pregunta es si la exigencia de competitividad que se impone se comunica con la necesaria “empatía con su sociedad para transformar”, un factor clave para lograr el consenso y la resiliencia productiva.

El Dilema de la Reactivación y el Mercado Laboral

La reactivación económica es la gran incógnita. El debate se polariza entre quienes sostienen que la única vía es una “monetización virtuosa” –es decir, la compra de dólares por el Banco Central sin absorber los pesos emitidos– y aquellos que advierten que la actual baja demanda de dinero convertiría rápidamente cualquier emisión en inflación. La coyuntura muestra que, a pesar de la acumulación de divisas, se sigue “privilegiando la seca” (absorción de pesos) por un temor inflacionario persistente, lo que restringe el oxígeno financiero a la actividad económica. Además, surge la pregunta de si la mera estabilidad macroeconómica, aunque fundamental, será suficiente para encender el motor productivo o si se requieren incentivos fiscales y regulaciones pro-inversión más claras para atraer capitales a sectores estratégicos y generar empleo de calidad.

El mercado laboral, por su parte, presenta sus propios desafíos. Si bien la tasa de desempleo podría mantenerse relativamente estable, la informalidad continúa siendo un problema estructural que requiere atención profunda. Se señala que las leyes laborales no son el único factor; también influyen los cambios en las modalidades de trabajo y, de manera crucial, la percepción de las nuevas generaciones sobre la utilidad y sostenibilidad de los aportes previsionales y los sistemas de salud.

Perspectivas y la Búsqueda de un Futuro Mejor

A pesar de las dificultades, hay focos de esperanza. La entrada de dólares por la explotación de recursos energéticos y mineros podría, potencialmente, evitar crisis cambiarias recurrentes y picos inflacionarios agudos, como los “síndromes del tercer año” que marcaron a gobiernos anteriores. No obstante, la reactivación plena aún es una incógnita en un país que, a pesar de sus vaivenes y la dureza de los ajustes, no deja de buscar la esperanza de un futuro mejor y más próspero. La clave será encontrar el equilibrio entre la disciplina fiscal y la capacidad de fomentar un crecimiento económico inclusivo y sostenible.

Carlos Alberto Leiva

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