Hace un año, en 2025, se debatía intensamente sobre el futuro político de Argentina tras la presidencia de Javier Milei, con dos visiones contrapuestas de lo que vendría. Jorge Asís pronosticaba un moderado en la Casa Rosada, producto del “péndulo” y el agotamiento de la espectacularización. Jaime Durán Barba, por su parte, anticipaba la consolidación de la “espectacularización” de la política, apostando por otro outsider, quizás un pastor evangelista o un streamer, desvinculado de la política tradicional. Hoy, un año después, el panorama sigue siendo un campo de juego complejo y fluido.
La insatisfacción democrática, mencionada ya en 2025, sigue siendo un motor clave. La sociedad argentina, al ver que los problemas persisten o se intensifican, busca continuamente nuevas voces, lo que mantiene viva la “dinámica del descontento serial” y la competencia por la autenticidad. La figura del “outsider” sigue siendo atractiva, no solo como una opción, sino casi como una necesidad en un sistema que parece renovar rostros para evitar un desgaste mayor.
Lo que dicen las últimas encuestas (Marzo 2026):
Las encuestas de opinión pública de marzo de 2026 muestran un escenario fragmentado, donde la aprobación presidencial de Javier Milei, aunque con fluctuaciones, se mantiene en un nivel que no permite consolidar fácilmente una alternativa. Los sondeos preliminares para una hipotética elección presidencial de 2027 señalan que, si bien ningún candidato tradicional logra descollar, la intención de voto para figuras emergentes o no directamente ligadas a la política institucional ha crecido. Dante Gebel, si bien aún no se ha lanzado formalmente, aparece en algunos estudios con una base de apoyo considerable, especialmente entre sectores evangélicos y aquellos que buscan un liderazgo con un fuerte componente moral y de gestión “eficiente” alejado de lo político. Por otro lado, figuras como Pedro Rosemblat o Tomás Rebord, aunque no miden en escenarios presidenciales con la misma fuerza que otros, tienen una fuerte penetración en segmentos jóvenes y urbanos, evidenciando el potencial del streaming como plataforma para la construcción de liderazgos políticos a mediano plazo. La polarización ideológica, aunque mutada, sigue siendo una constante, y muchos analistas coinciden en que la capacidad de cualquier candidato para trascender su nicho y construir alianzas será determinante.
Dante Gebel y la continuidad del “Presidante”
Dante Gebel, la figura mediática y eclesiástica argentino-estadounidense, sigue siendo un nombre que resuena en los círculos políticos y mediáticos. Su gira “Presidante” continúa generando conversación, con su propuesta de humor y sátira que expone, en clave de discurso político-motivacional, sus cinco “medidas presidenciales” si tuviera el poder por 24 horas: la Ley de Dignidad Humana (similar a la propuesta de Juan Grabois), una reforma judicial integral, la eliminación de privilegios políticos, la universalización de la educación y salud de calidad, y finalmente, su renuncia para sentar bases éticas.
La habilidad de Gebel para fusionar la oratoria motivacional con el show, y su mensaje sobre lo que se podría lograr “con un poco de ganas” si gestionara el Estado, sigue interpelando a un electorado cansado de la política tradicional. El apoyo de figuras como el sindicalista Juan Pablo Brey y el ex-LLA Eugenio Casielles demuestra la transversalidad que su figura puede generar, atrayendo a sectores disímiles que ven en él una alternativa a la “mezquindad de los dirigentes”.
El peronismo en la búsqueda de su nueva voz: ¿del streaming al poder?
Dentro del peronismo, la tensión entre las viejas guardias y las nuevas corrientes continúa, y la búsqueda de renovación es palpable. La idea de un candidato proveniente del streaming, que ya se planteaba en 2025, ha cobrado aún más fuerza. Espacios como Gelatina de Pedro Rosemblat o Blender con Tomás Rebord, se han consolidado como verdaderas “unidades básicas audiovisuales digitales”. Allí, los peronistas más jóvenes y desencantados encuentran un lugar para debatir y procesar las discusiones que no se dan en los ámbitos partidarios clásicos.
Pedro Rosemblat, con su militancia y la popularidad de segmentos como “La fábrica de Jingles”, sigue siendo una figura influyente que ha logrado abrir un espacio para la expresión política de miles de personas. Su frase “si volver mejores no funcionó, probemos con volver peores, entendiendo que volver peores es volver a articular” resuena en un contexto de búsqueda de nuevas formas de hacer política.
Por su parte, Tomás Rebord, quien ha demostrado su capacidad de convocatoria llenando el Movistar Arena, es una voz crítica y escuchada dentro del movimiento. Su cuestionamiento sobre la capacidad del peronismo para hablar de “otra cosa que no sean los otros o el propio de al lado” y su énfasis en la “diferencia” antes que en la “síntesis” sigue marcando la pauta para una discusión interna necesaria.
La radicalización del peronismo y la crisis del “partido nacional”
La aguda observación de Juan Manuel Abal Medina en 2025 sobre la “radicalización” del peronismo —entendiéndola como un creciente parecido al radicalismo en su configuración de federación de gobernadores e intendentes con intereses contrapuestos— se ha profundizado. Hoy, los partidos tradicionales como el PJ y la UCR a menudo parecen funcionar más como marcos de alianzas para las gestiones locales y provinciales, dejando al descubierto una crisis del proyecto político nacional de la oposición.
La gente sigue votando peronistas y radicales a nivel municipal y provincial, porque necesitan negociar con el gobierno central para sus gestiones. Sin embargo, a nivel presidencial, la búsqueda de una figura que encarne un proyecto nacional unificador sigue siendo un desafío.
El “Reino” de Claudia Piñeiro y la realidad anticipada
La serie “El Reino” de Claudia Piñeiro, que imaginaba a un candidato evangelista ganando las elecciones en Argentina, sigue siendo una referencia cultural clave. Su relevancia radica en la forma en que anticipó la necesidad de un “outsider” o “salvador” en un sistema político percibido como desprestigiado, un sentimiento que sigue latente y es captado por el arte.
En última instancia, el desafío para Argentina en 2026 y más allá no es solo quién sucederá a Milei o si será un “moderado” o un “outsider”. La verdadera clave es si el sistema político logrará ofrecer soluciones concretas a los problemas de la sociedad. Si los gobiernos continúan profundizando las dificultades en lugar de resolverlas, la insatisfacción social seguirá quemando figuras políticas y, lo que es más preocupante, erosionará la confianza en el voto como herramienta de cambio. Sostener el sistema democrático requiere que los políticos cumplan su mandato y que la sociedad participe activamente en la construcción de un futuro.
Carlos Alberto Leiva