¡Che, qué lindo lío se está armando en la política argentina! Agarráte fuerte porque lo que se viene es un “Cisne Negro” de esos que ni el Nostradamus local se atrevería a pronosticar, pero que, pensándolo bien, tiene más sentido que una milanesa con papas fritas un domingo. Prepárense para la ironía, el disfrute y una buena dosis de paradojas que harían reír hasta al más serio de los analistas.
Imaginemos, si les parece, que de la nada, con una elegancia digna de un ballet, aparece un “Cisne Negro” en el cenagal político. Y este cisne no viene a nadar en aguas tranquilas, no, señor. Viene a patear el tablero con una gracia casi ofensiva. Resulta que Mauricio Macri y el PRO, con esa sutileza que los caracteriza, han decidido que ya está bien de jugar a la sombra de Javier Milei. ¡A la carga, muchachos! A recuperar ese voto de centro derecha republicana que, según ellos, les pertenece por derecho divino, como si fuera una herencia que nadie les puede quitar. Una jugada maestra, ¿no? Como si el manual dijera “si el barco se tambalea, construí el tuyo propio y navegá con más estilo”.
Pero la cosa se pone picante. Mientras el PRO se desmarca con una seriedad que raya en lo cómico, un personaje anónimo, de esos que aparecen de la nada con más preguntas que respuestas, se cuela en la prisión domiciliaria de Cristina Kirchner. Sí, leyeron bien. Un NN tomando el té con la ex-mandataria. ¿De qué hablarán? ¿De las nuevas tendencias en Netflix? ¿O de cómo se recicla un liderazgo desde el aislamiento? La ironía es que, mientras algunos buscan el sol, otros encuentran el poder en la penumbra de un té clandestino. ¡Parafraseando, “la política da las mayores vueltas”!
Y como si no fuera suficiente, de repente, ese misterioso NN decide que es momento de coquetear con el centro político. ¿El objetivo? Seducir a Elisa Carrió con sutileza. ¡Qué giro! La “Lilita”, esa voz que no teme decir lo que piensa, ahora es la manzana de la discordia, cautivada por un desconocido. La UCR, por su parte, se mira en el espejo y se ve huérfana, desorientada, pero con un brillo en los ojos que dice: “¡Esta es nuestra chance de salvaguardar nuestro poder efímero!”, depositando sus esperanzas en el mismo NN. Porque claro, en la política argentina, la única certeza es la incertidumbre, y la única constante es el oportunismo, ¡especialmente cuando aparece un comodín!
Y lo más divertido de todo es que este escenario, que parece sacado de una película de enredos, no es para nada descabellado. Mientras los “viejos” actores, como el señor Pichetto, no hacen más que quejarse desde una profunda y casi enternecedora soberbia, la realidad avanza, retorciéndose sobre sí misma, demostrando que la ironía es la única filosofía que sobrevive a los avatares de nuestra bendita patria. Porque, al final del día, ¿qué sería de nosotros sin estas maravillosas contradicciones? ¡Un embole, seguramente!
Carlos Alberto Leiva