La marea del desencanto: ¿Quién recogerá los pedazos de la política argentina?

El pulso de la sociedad argentina late al ritmo de un descontento creciente. El reciente informe Latam Pulse de AtlasIntel y Bloomberg no hace más que confirmar lo que muchos ya percibían: la imagen positiva de Javier Milei, presidente que irrumpió con una fuerza arrolladora, parece entrar en una fase de “decadencia”. Con una aprobación que ha caído del 55% al 41% en poco más de un año y una imagen negativa que trepa al 57%, el tablero político se sacude, y la pregunta que resuena es inevitable: ¿quién será capaz de capitalizar este desencanto de cara a 2027?

La polarización es, sin duda, la nota dominante. La sociedad se ha fragmentado entre un “sí Milei” y un “no Milei”. La paradoja es que, mientras el “sí” se agrupa en una única boleta ideológica, el “no” se dispersa en un mosaico de voces y figuras. Esta desunión opositora ha sido, hasta ahora, el salvavidas de la gestión libertaria, permitiendo que Milei, a pesar de sus números decrecientes, mantenga el puesto del político con mayor imagen positiva individual. Un dato que, si bien es un consuelo, esconde una erosión constante.

En este escenario de ebullición, emerge una figura con un brillo particular dentro de la oposición: Axel Kicillof. El gobernador bonaerense, con un 40% de imagen positiva, se posiciona como la carta más fuerte para el peronismo. Superando a históricos como Cristina Kirchner o Sergio Massa, Kicillof no solo ha logrado frenar la caída de su propia imagen negativa (estable en 53% tras un pico de 61%), sino que ha visto cómo su aprobación crecía del 26% al actual 40%. Es una señal clara: su “Movimiento Derecho al Futuro” no es solo un proyecto bonaerense, sino una plataforma con ambiciones nacionales que busca consolidarse como la alternativa.

El telón de fondo de este movimiento de placas tectónicas políticas es, por supuesto, una realidad económica y social que genera profunda preocupación. Más de la mitad de los encuestados califica la gestión de Milei como “mala o muy mala” y desaprueba su desempeño. La economía es vista como “mala” por el 62% y el mercado de trabajo atraviesa un “mal momento” para el 77%. Y lo que es más alarmante, el pesimismo se proyecta a futuro: la mitad de los consultados cree que la economía empeorará y el 55% anticipa un deterioro del mercado laboral. Incluso la situación familiar no escapa a este sombrío pronóstico.

En este caldo de cultivo para la frustración, lo que realmente llama la atención es la ausencia de un nuevo “outsider”. La historia argentina reciente nos ha mostrado cómo, en momentos de crisis y desencanto profundo, una figura completamente ajena al establishment puede emerger y capturar la imaginación popular. Esa “escoba nueva” que, al barrer con lo viejo, renueva la esperanza. Sin embargo, a pesar de la insatisfacción generalizada, ese nuevo actor aún no se asoma.

La pregunta permanece abierta y se vuelve más urgente con cada informe y cada día que pasa: ¿quién será el arquitecto capaz de unir los pedazos de la política argentina, de canalizar el desencanto y de ofrecer una visión creíble para un futuro que hoy muchos ven con recelo? La marea está cambiando, y el viento, aunque aún incierto, parece empujar hacia un nuevo ciclo.

Carlos Alberto Leiva

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