La encrucijada Argentina: Cuando las persianas bajas de Lavalle y Florida desafían el relato del “crecimiento”

Las peatonales Lavalle y Florida, arterias vibrantes que durante décadas simbolizaron el pulso comercial de la capital argentina, hoy presentan un panorama desolador. Locales con carteles de “Se Alquila”, vidrieras vacías y un inusual silencio en horarios pico se han convertido en la postal recurrente de lo que alguna vez fue el corazón de las compras y el turismo. Esta cruda realidad callejera contrasta, de manera impactante, con el relato oficial del gobierno, que asegura que Argentina avanza por un “buen rumbo de crecimiento” económico.

El presidente Javier Milei y sus funcionarios han insistido en que el país está en un camino de recuperación y ordenamiento macroeconómico. Se destacan logros como la desaceleración de la inflación mensual, la acumulación de reservas brutas en el Banco Central y la expectativa generada por el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), que promete atraer capitales millonarios en sectores estratégicos. Desde esta perspectiva, las reformas estructurales en curso sentarán las bases para un crecimiento sostenido a largo plazo.

Sin embargo, para los comerciantes y ciudadanos de a pie, la “motosierra” y la “licuadora” del ajuste económico se sienten en la recesión más profunda que ha experimentado el consumo en años. Diversos informes económicos reflejan una caída interanual del consumo masivo que ronda el 10% y en algunos meses ha superado el 13%, afectando gravemente a sectores clave como alimentos, bebidas, indumentaria y perfumería. Se habla incluso de niveles de consumo de carne vacuna no vistos en más de un siglo.

La consecuencia directa de esta contracción ha sido el cierre masivo de empresas. Desde noviembre de 2023 hasta junio de 2025, más de 15.000 empresas han bajado sus persianas en Argentina, resultando en la pérdida de más de 223.000 empleos registrados. Los rubros más afectados incluyen el transporte, la construcción y, por supuesto, el comercio, tanto minorista como mayorista. La gente ha reducido drásticamente su gasto, llegando a depender del crédito para cubrir necesidades básicas.

El gobierno argumenta que el crecimiento se manifestará a través de inversiones y la digitalización de la economía, citando el aumento en plataformas de comercio electrónico. Algunos análisis también sugieren un “consumo en dos velocidades”, donde un sector minoritario de alto poder adquisitivo podría estar aumentando su gasto en bienes de lujo o servicios premium, mientras la mayoría ajusta sus cinturones. Sin embargo, esta visión de un “crecimiento silencioso” impulsado por la macroeconomía y la inversión a futuro no se traduce en el dinamismo que solían tener las peatonales porteñas o los centros comerciales.

La dicotomía es clara: mientras las estadísticas macroeconómicas y las proyecciones de inversión buscan pintar un panorama optimista a mediano y largo plazo, el presente cotidiano está marcado por la recesión, el desempleo y el cierre de comercios. La tragedia comercial en lugares emblemáticos como Lavalle y Florida no es solo un indicador económico, sino el reflejo de una sociedad que espera ver cómo ese prometido crecimiento “se baja” a la calle y se convierte en prosperidad real y palpable para todos.

Carlos Alberto Leiva

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