La encrucijada argentina: ¿Ajuste fiscal o reactivación real? Los peligros de una microeconomía asfixiada

La política económica de la Argentina se encuentra en un delicado punto de inflexión. Mientras el gobierno de Javier Milei celebra los avances en la reducción del déficit fiscal, voces importantes, como la del gobernador santafesino Maximiliano Pullaro, advierten sobre el creciente ahogo de la microeconomía y los sectores productivos. La tensión entre la estabilidad macroeconómica a toda costa y la necesidad urgente de reactivar el consumo y la producción interna configura un escenario donde los peligros se vislumbran claros.

El Dilema de las Retenciones: Un Motor Frenado

El planteo de Pullaro es contundente: la reducción de las retenciones al campo no es solo una medida sectorial, sino una estrategia para inyectar miles de millones de dólares directamente en el “bolsillo de los argentinos” y la “microeconomía a nivel nacional”. Su cálculo de 2.500 millones de dólares liberados al reducir las retenciones a la mitad no es trivial. Este capital, en manos de los productores, se traduciría en mayor inversión, compra de insumos, mejora tecnológica y, crucialmente, generación de empleo en las economías regionales.

El sector agropecuario, históricamente un pilar exportador y generador de divisas, es también un gran dinamizador del mercado interno. Con la rentabilidad deprimida por las retenciones, el volumen de actividad se contrae, afectando a toda la cadena de valor: desde el fabricante de maquinaria agrícola hasta el comercio de pueblo. Frenar este motor en un contexto recesivo podría tener consecuencias graves.

La Sombra de la Recesión Profunda y la Deflación

Las alarmas sobre la recesión ya no son una especulación. El consumo se desploma, los comercios reportan ventas cada vez más bajas y la industria sufre por la caída de la demanda. En este ambiente, el riesgo de una espiral deflacionaria —una caída generalizada y sostenida de precios que desincentiva aún más la producción y el consumo— empieza a ser una preocupación para algunos analistas. La deflación es un síntoma de una economía gravemente enferma, donde el dinero no circula y las expectativas de futuro son nulas.

Mantener una política fiscal estrictamente restrictiva sin considerar la asfixia de los sectores productivos podría, paradójicamente, socavar los propios objetivos de largo plazo del gobierno. Una economía que no produce ni consume, tarde o temprano, afectará la recaudación impositiva general, por más que se mantengan impuestos específicos como las retenciones.

Los Peligros del Cortoplacismo Fiscal: Ignorar la Microeconomía

La obsesión por el “déficit cero” es comprensible ante décadas de desequilibrios fiscales. Sin embargo, la historia económica argentina enseña que la estabilidad macroeconómica sin una base productiva sólida es frágil. Si la clase media y baja no llega a fin de mes, si la industria pierde puestos de trabajo y el campo no invierte, el costo social y económico puede ser inmenso.

El peligro real es que, mientras se celebra el equilibrio fiscal en los papeles, la economía real se esté desmoronando por debajo. Los salarios no recompuestos, la falta de inversión y la pérdida de competitividad de las empresas pueden generar un tejido social y productivo tan dañado que su reconstrucción sea extremadamente lenta y costosa, incluso con un “déficit cero”.

La pregunta que resuena es si el costo de mantener las retenciones y una austeridad tan profunda no será mayor que el beneficio fiscal inmediato. La honestidad intelectual obliga a plantear que, en un momento donde cada dólar cuenta para la reactivación, desatender el clamor de los sectores productivos podría ser una apuesta demasiado riesgosa para el futuro del país.

Carlos Alberto Leiva

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