En un panorama mediático a menudo polarizado y repleto de consignas, la reciente intervención de Paulino Rodrigues en su programa televisivo de que “El Riesgo Kuka Ya Está” ha resonado con una dosis de sensatez que, como autor de estas líneas, no puedo sino aplaudir y coincidir plenamente. Rodrigues, una voz autorizada de La Nación Más, se atrevió a cuestionar en vivo la sobreexplotación de la frase “riesgo kuka” en la esfera política y periodística argentina, un gesto que muchos agradeceríamos por su capacidad para inyectar algo de sentido común al ajetreado cotidiano vivir de nuestra nación.
Rodrigues, con una agudeza que personalmente valoro, sugirió que se ha “jugado demasiado” con esta expresión, especialmente ante los mercados. Y es que, si lo pensamos bien, esta frase ha servido como un comodín para justificar miedos y posturas, a menudo sin un anclaje claro en la realidad presente. Su punto de vista, el cual comparto profundamente, invita a una reflexión necesaria sobre la vigencia y la utilidad de ciertos discursos que, por repetición, terminan vaciándose de significado.
El periodista fue particularmente contundente al analizar la realidad política actual, despojándola de fantasmas y presentándola con crudeza. Afirmar que Máximo Kirchner “no representa un riesgo de ser presidente” y, con aún mayor vehemencia, declarar que Cristina Fernández de Kirchner “se encuentra presa”, no es un mero comentario; es un llamado a la actualización del discurso. En un país donde las narrativas se arraigan con fuerza, a veces al margen de los hechos, esta claridad es un soplo de aire fresco.
Para mí, como para Paulino Rodrigues, la coyuntura política ha mutado de forma drástica. Pretender que la invocación constante del “riesgo kuka” mantiene su peso original es ignorar una realidad que exige nuevas lecturas y, sobre todo, un lenguaje que responda a los desafíos actuales, no a los de ayer. La política argentina necesita menos eslóganes y más análisis perspicaces, menos miedo inducido y más discernimiento.
La postura de Rodrigues no es solo una crítica a una frase; es una invitación a la madurez del debate público. Es hora de dejar atrás discursos que se han tornado intrascendentes y abstractos, y de enfocarse en las verdaderas problemáticas que enfrenta Argentina. Coincido plenamente con él: es momento de archivar el “riesgo kuka” y empezar a hablar de la Argentina que es, no de la que tememos que sea, con una mirada más lúcida y, por qué no, con un poco más de ese tan ansiado sentido común.
Carlos Alberto Leiva