El interrogante sobre el futuro político de Sergio Massa abre un tablero complejo donde se cruzan la furia de las redes sociales, el análisis táctico de los operadores de la “rosca”, las encuestas de intención de voto y los recientes movimientos de reaparición pública del propio dirigente de cara al 2027.
Por un lado, las plataformas digitales y los sectores opositores al kirchnerismo y al massismo operan como una caja de resonancia impiadosa. Las redes lo recuerdan con extrema dureza, responsabilizándolo de la disparada inflacionaria y cambiaria durante su paso por el Palacio de Hacienda (2022-2023). Desde esta óptica, los críticos lo tildan de “inútil” o “siniestro”, argumentando que su nombre carga con un costo político y un rechazo social muy alto, reflejado en una imagen negativa que ronda el 68%. Para este sector, no hay lugar para él, ya que representa los peores años económicos del ciclo anterior.
Sin embargo, el análisis político profesional discurre por carriles muy distintos. Voces con agudeza táctica, como la del analista Jorge Asís en su paso por Cenital, recuerdan que “Sergio Massa está siempre”. Lejos de analizarlo desde la moralina, el círculo rojo reconoce en él a uno de los dirigentes más lúcidos para administrar el poder real, tejer acuerdos transversales con empresarios, medios y sindicatos, y moverse con soltura en los pasillos de la política sin quedar atrapado en dogmatismos ideológicos. En un peronismo que hoy transita una atomización de liderazgos —donde conviven gobernadores como Axel Kicillof y terminales cristinistas sin una conducción lineal—, la centralidad de Massa se mantiene intacta.
Las últimas señales físicas y políticas que dio Massa van exactamente en esa dirección. Su reaparición en Rosario junto a dirigentes de peso heterogéneo para presentar el libro de Diego Giuliano, sumada a las cumbres reservadas que mantuvo con el propio Kicillof y Máximo Kirchner, demuestran que el exministro no está retirado. Por el contrario, opera con soltura en el rearmado opositor, puliendo una estrategia común frente al gobierno de Javier Milei y abogando por su máxima histórica: “La unidad es lo más importante”.
En los números concretos de intención de voto, Massa retiene un piso duro competitivo en el universo peronista (alrededor del 22% en primera vuelta y con techos considerables en escenarios de polarización de balotaje), lo que demuestra que su caudal electoral no se evaporó por completo a pesar del desgaste de la gestión económica.
La respuesta a si hay lugar para él en 2027 depende de cómo se lea la dinámica argentina: si se prioriza el humor social de la calle digital —que lo castiga sin pruritos— o la fría arquitectura del poder territorial y partidario, donde el peronismo siempre necesita figuras con capacidad de síntesis para negociar el poder. Por ahora, Massa elige el bajo perfil estratégico, se mueve con cautela y pule los cimientos de una candidatura silenciosa, demostrando que en el tablero nacional su ficha sigue estando sobre la mesa.
Carlos Alberto Leiva
"Sergio Massa está siempre. Me parece de los más preparados para gobernar este país".@AsisOberdan evalúa la figura de Massa y los posibles candidatos del peronismo en 540°. pic.twitter.com/RP12xLjjJa
— Cenital (@cenitalcom) August 26, 2026