Hay un gran problema en la política actual: casi la mitad de los votantes —de centro, de izquierda y de derecha— no se siente representado por nadie.
Durante mucho tiempo se intentó crear una “tercera opción” suave y tibia, pero esas propuestas siempre fracasan. El verdadero centro no es estar tibio ni quedar bien con todos. Un verdadero líder de centro no tiene que ser dogmático; al contrario, es alguien que tiene la libertad de tomar buenas ideas de la izquierda o de la derecha según lo que el país necesite en cada momento. No es oportunismo, es sentido común y pragmatismo. Solo un dirigente sin anteojeras ideológicas puede armar un equipo amplio y transversal que logre convocar a gente de distintos partidos para competir y ganarle a Javier Milei.
Del otro lado, vemos cómo los partidos tradicionales se quedaron sin voz propia. El PRO, por ejemplo, quedó atrapado y subordinado a las decisiones de La Libertad Avanza, repitiendo la palabra “cambio” como un cassette grabado mientras la gente sufre un ajuste fortísimo. Y ahí surge la gran pregunta en la calle: ¿qué clase de cambio es este si los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres?
La salida no está en seguir ciegamente a los extremos ni en bajar la cabeza ante acuerdos que no benefician a la gente. La verdadera solución requiere un líder que escuche a ese sector enorme de la sociedad que hoy está huérfano de representación, que logre unir a los que piensan distinto y que gobierne con una mirada amplia para todos.
Carlos Alberto Leiva