El tablero político argentino se mueve al ritmo de las definiciones de Axel Kicillof. Durante el cierre de un plenario nacional del Movimiento Derecho al Futuro en Avellaneda, el gobernador bonaerense lanzó una frase que resonó con fuerza en todo el arco político: “Cuenten conmigo para que la Argentina tenga una alternativa que nos permita terminar con este modelo”. Ante una multitud que le pedía definiciones y coreaba “decilo, decilo”, el mandatario dejó en claro su disposición a liderar un armado nacional de cara a las próximas elecciones.
La estrategia de la amplitud y el rechazo al “control remoto”
En su discurso, Kicillof fue categórico al señalar que “con el peronismo solo no va a alcanzar”, por lo que llamó a conformar un espacio amplio, federal y multisectorial capaz de sumar a distintos actores sociales, productivos y políticos para confrontar la gestión del presidente Javier Milei, a quien cuestionó duramente.
Uno de los puntos más filosos de su alocución fue la crítica a las construcciones políticas “a control remoto”. Lejos de tratarse de una mención casual, esta frase funcionó como un misil directo contra las cúpulas partidarias y el verticalismo tradicional —asociado históricamente al método de conducción de sectores como La Cámpora—. Para el gobernador, el armado debe gestarse desde las bases y los territorios, recorriendo el país y escuchando de forma directa a la militancia.
La reacción interna: fractura y desafío al cristinismo
Esta jugada cayó puertas adentro como una declaración de guerra o un desafío frontal. Por un lado, las agrupaciones más duras interpretan estas movidas como un acto de unilateralidad que fragmenta al peronismo y busca jubilar los liderazgos preexistentes. Por el otro, el vínculo con Cristina Fernández de Kirchner —a quien Kicillof mencionó protocolarmente calificándola de “injustamente presa”— se mantiene en una tensa cuerda floja: un reconocimiento medido que no oculta la búsqueda de autonomía táctica del mandatario provincial.
¿Transversalidad, centrismo o el regreso del Estado presente?
Frente a lecturas políticas que intentan emparentar esta estrategia con la “transversalidad” histórica o con un eventual giro hacia el centrismo fiscal (al estilo de los planes de déficit cero, baja de gasto y reducción impositiva), los analistas coinciden en que la matriz ideológica de Kicillof se encuentra en las antípodas de esas recetas. Lejos de proponer un achicamiento del Estado, su espacio defiende el rol activo de la obra pública, la protección del mercado interno y la defensa de partidas sociales sensibles como la AUH o la Tarjeta Alimentar. Para sus impulsores, estas herramientas son la única vía para frenar el ajuste, aun cuando sus detractores adviertan sobre los riesgos de los desequilibrios macroeconómicos, las restricciones cambiarias y la inflación.
El rol del “outsider” y la gran incógnita electoral
En este escenario de reconfiguración opositora, surge una pregunta central sobre el futuro político del gobernador: si el electorado desencantado no encuentra al “outsider superdesconocido” o disruptivo que capitalice el descontento total, Kicillof se perfila de manera natural para ocupar ese lugar dentro del progresismo y el peronismo tradicional.
El desafío, sin embargo, es doble. Por un lado, debe resolver el peso de su propia estructura y la marca partidaria en la provincia de Buenos Aires, lidiando con los límites que esto impone para seducir al votante independiente que busca una ruptura total con la política tradicional. Por el otro, necesita ordenar una interna feroz que ya no oculta sus diferencias de fondo. Lo seguro es que Kicillof ya dio el paso al frente y puso en marcha su propia pista de aterrizaje presidencial.
Carlos Alberto Leiva