El pulso de la cornisa: entre el repliegue de los extremos y el enigma del centro

La Argentina transita otra de sus recurrentes encrucijadas, atrapada en las tensiones de un sistema político que parece repetirse a sí mismo mientras la realidad social exige respuestas urgentes. La reciente y floja concentración frente al departamento de la calle San José, al cumplirse un nuevo aniversario de aquel atentado que pudo alterar la historia institucional del país, dejaron al desnudo el estado actual de Máximo y Cristina Kirchner: una familia en evidente repliegue defensivo. Atrapados entre las restricciones de la prisión domiciliaria, el desgaste judicial y una militancia que responde con menor volumen en las calles, estos dos referentes del sector intentan sostener su centralidad a través de una retórica de trinchera que denuncia proscripciones y agita fantasmas, pero que choca contra las dificultades de un aparato cada vez más encapsulado en su propio núcleo duro.

En la vereda de enfrente, el experimento libertario muestra también signos profundos de erosión. Sostenido sobre una estructura de poder hiperconcentrada y bajo la exigencia inflexible de un rigor fiscal implacable, el oficialismo enfrenta el desgaste acelerado de un ajuste prolongado que asfixia la economía cotidiana. A medida que el tiempo transcurre y las promesas de recuperación no alcanzan para aliviar el bolsillo de las clases medias y trabajadoras, la paciencia social entra en una zona de fatiga. Esta asfixia económica debilita de manera directa la capacidad del Gobierno para retener el apoyo de su base electoral no dogmática, aquella que apostó por un cambio profundo pero que observa con recelo el vértigo y la intransigencia permanente de la gestión.

Así, entre un kirchnerismo melancólico que repliega su épica y un oficialismo libertario que tambalea sobre su propio rigor, el escenario político argentino abre un interrogante mayúsculo en el centro del tablero: ¿cómo se reconfigurará el caudal político de Juntos por el Cambio y hacia dónde se inclinará ese vasto sector de la sociedad de perfil urbano, productivo y republicano que hoy observa con desconfianza tanto la rigidez de la trinchera opositora como la fragilidad del rumbo oficial? La respuesta a este dilema definirá el equilibrio de fuerzas y marcará el pulso de la Argentina que viene.

Carlos Alberto Leiva

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