El tablero político se mueve y ya se empieza a jugar el partido del post-mileísmo

Por Análisis Político para La Nación

La reciente jugada del PRO —con Fernando de Andreis descartando una candidatura presidencial de Mauricio Macri y abriendo el paraguas para un “frente común” con Javier Milei— no es una declaración al pasar. Es la radiografía perfecta de un partido que hace cuentas todos los días para no desaparecer. El cálculo es frío y pragmático: competir por fuera de los dos grandes bloques actuales es una aventura suicida que solo terminaría sirviéndole al kirchnerismo en bandeja. Por eso, el PRO prefiere atarse al bote libertario antes que hundirse solo, aunque eso signifique resignar protagonismo y quedar como socio menor de un experimento económico y político que cruje.

Pero claro, la política argentina es dinámica y el humor social es un polvorín. ¿Qué pasa si el 30% duro de Milei se cansa, los números no cierran y el castillo de naipes empieza a tambalear? Si en ese momento aparece un outsider presidenciable con un discurso puramente republicano, ordenado y moderado, el mapa entero se da vuelta. Los intendentes y dirigentes que hoy le hacen ojitos a La Libertad Avanza por mera supervivencia empezarían a mirar hacia ese nuevo puerto con ánimo pronto, dejando al oficialismo sin red de contención.

Y es ahí donde la imaginación política cruza todos los límites y se vuelve ciencia ficción porteña: ¿y si ese inesperado outsider como la alternativa republicana logra sentar en una misma mesa a Horacio Rodríguez Larreta, a Martín Lousteau y al peronismo de la Ciudad, y tras convencerlos deciden tirar toda la carne al asador con un candidato outsider de peso pesado… como Adrián Suar?

Suena a chiste de sobremesa, pero a nivel comunicacional y de reconocimiento público, pocos tipos miden tan bien en la cabeza del porteño medio. Suar es la personificación de la cultura pop y la industria nacional; un tipo carismático, familiar y absolutamente conocido que sacaría la elección del barro ideológico de siempre.

El problema, obvio, es la ingeniería de esa mesa. Juntar a Larreta, Lousteau y al peronismo porteño en un mismo acuerdo es como intentar meter a perros y gatos en la misma bolsa sin que vuele pluma, pero el outsider transversal seguro será ecuánime en el reparto de los porotos . Esto exigiría un nivel de pragmatismo tan extremo que el propio “Chueco” Adrián Suar, que siempre coqueteó con la idea de meterse en la política (se lo dijo a Luis Novaresio en entrevistas A24) pero sabe el costo que eso tiene para su nombre y su carrera, lo pensaría mil veces antes de aceptar la aventura de competir por la Jefatura de Gobierno.

Sin embargo, el solo hecho de que se piense en escenarios tan disruptivos demuestra que el sistema tradicional está agotado. Los partidos ya no enamoran; buscan atajos, rejuntes tácticos y figuras de la cultura o de afuera de la política para salvar los cargos. La Ciudad de Buenos Aires, una vez más, se perfila como el laboratorio donde se van a ensayar las formas más locas de la política que viene y que deja atrás lo pasado.

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